Parece que fue hace muchos años cuando las ayudas para producción y becas artísticas estaban en auge, habiendo multitud de convocatorias y opciones para hacer una pieza. En muchas ocasiones, estas becas ayudaban a crear algo nuevo; otras, a continuar algo ya empezado; y casi siempre servían para dar a conocer nuevo talento que merecía la pena indagar.

Con la situación económica que se vive desde hace unos años, la cultura ha sido una de las grandes víctimas, viendo cómo muchos premios dejaban de convocarse, cómo muchas ayudas reducían su presupuesto o directamente desaparecían.

En el caso de Asturias ha sido siempre especialmente importante el programa LABjoven_Experimenta, que durante seis ediciones daba oportunidad a artistas emergentes de Asturias para utilizar LABoral y sus recursos como plataforma para realizar y difundir sus proyectos artísticos. En 2012, David Martínez Suárez era el sexto en recibir la ayuda, que por entonces quedaba congelada.

Ha sido este 2015 cuando vuelve el programa con un nuevo nombre, LABjoven_Los Bragales; y es que para que sigan becándose a artistas ha sido destacado el apoyo de la Colección Los Bragales, del empresario cántabro Jaime Sordo. Manteniendo la línea de su predecesor, este nuevo programa busca apoyar y dinamizar la escena artística a través de una convocatoria de un premio anual, de 9.500 euros, destinados a artistas de menos de 40 años, y que permite la producción de un proyecto artístico experimental (especialmente instalaciones audiovisuales y multimedia), concebidos específicamente para exponer en la Galería de proyectos de LABoral.

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Los ganadores de esta edición de 2015, Coco Moya e Iván Cebrián, han creado Menhir, un proyecto que aúna música, arte visual y tecnologías de uso libre. Se trata de una instalación visual y sonora, con piezas de carbón distribuidas por el suelo de la sala como si fueran instrumentos musicales; el sonido se activará por parte del visitante, mientras camine o las toque.

Aprovechamos su residencia de producción en el centro, que se desarrollará durante dos meses, y les preguntamos acerca de Menhir. El resultado definitivo lo podemos ver en vivo a partir de septiembre.

 

¿De dónde surge este proyecto?

Menhir surge de gran parte de lo que constituye nuestras vidas: el arte, la música y la montaña. Poco a poco, recorriendo esos caminos, comenzamos a vislumbrar cómo podría ser un proceso creativo que hilase estos intereses (más bien pasiones) que ambos tenemos, y por el momento está resultando una unión sorprendentemente equilibrada entre ellas. En realidad, más que nuestras pasiones son la forma en que vivimos nuestras vidas, así podríamos parafrasear a Deleuze cuando dice que el acto creativo es en primer lugar un agenciamiento de territorios vitales, una toma de consciencia de lo que te constituye, y un intento de hacer de ello tu forma de vivir.

 

¿Cómo se desarrolla la pieza, desde lo sonoro a lo tridimensional?

La pieza para LABoral trata de traducir a un espacio expositivo la experiencia que hemos tenido realizando el primer Menhir en las montañas de León. Durante los recorridos que hicimos por la montaña, recogimos sonidos y fotografías, e improvisamos con instrumentos o elementos como rocas, maderas, agua… Buscamos sitios de poder, espacios que nos devolvieran una sensación energética fuerte. A partir de ese material de campo compusimos una pieza que devolvimos en forma de Menhir sonoro a la montaña. Lo que hicimos fue generar una metodología para explorar el territorio de una manera activa, de escucha, pero también de diálogo, utilizando las herramientas plásticas y sonoras a nuestro alcance. En la instalación queremos que las personas tengan la sensación de recorrido y de diálogo con el espacio, de la misma manera que lo hemos experimentado nosotros. De alguna forma es un intento de llevar la montaña, y lo que experimentamos en ella, a otros lugares, y de compartirlo con otras personas.

 

¿Por qué el interés en el carbón? ¿Y por qué a modo de menhir?

La figura del Menhir nos interesaba como primer elemento que modifica el paisaje, sin más utilidad aparente que marcarlo o señalizarlo, y entendido de manera más amplia y según ciertas interpretaciones, como geopuntura para modificar el territorio a nivel energético. Nuestro Menhir es virtual; es la música y la vibración de lo sonoro lo que se clava en la tierra.

Cuando empezamos a pensar en una manera de llevar esta experiencia a un espacio expositivo, no queríamos perder de vista esta idea de la experiencia propia, el movimiento y la relación con el espacio. Empezamos a hacer prototipos de serigrafías sonoras, donde la pintura al carbón hace de conductor para lanzar los sonidos. Tenían que ver con un interés en la experiencia estética propioceptiva, la sensación de tocar la imagen, pasando de la contemplación a la acción. Al pensar en realizar un Menhir en Asturias, el carbón nos pareció el elemento bisagra que vincula la experiencia en la montaña con la experiencia de un espacio interactivo. Un material que nos permitiría conocer y recorrer el paisaje y la cultura que lo configura.

 

¿Cómo funcionará en la exposición?

La instalación tiene tres elementos que se interrelacionan: el sonido, las piezas de carbón, y el vídeo. Es una especie de instalación-instrumento, un espacio que se puede interpretar como lo haría un músico con una partitura, el paisaje como partitura. La idea es entrar en un espacio inmersivo, que explores por ti mismo, con el que te relaciones a través del tacto, lo visual y el recorrido. Cuando entras ves un paisaje en las paredes y un paisaje en el suelo, que te invita a caminar por él. Al tocar las piedras activas los sonidos, completando la instalación. Se trata de experimentar una representación del paisaje tal y como nosotros lo hemos entendido. Una idea del paisaje que tiene que ver con nuestra relación con él, con la sucesión de experiencias que nos hacen imaginarlo en la mente, interpretándolo, y construirnos al mismo tiempo a nosotros mismos en esa relación.

 

Este es un proyecto que ya teníais realizado, al menos en parte, ¿cómo os ayuda a desarrollarlo el obtener esta beca?

Menhir es un proceso/proyecto que ha evolucionado desde una necesidad de salir a la montaña como espacio “salvaje”, a una necesidad de llevar esa experiencia en un espacio “civilizado”. En ese sentido: de ida y de vuelta, es un trayecto que de algún modo ya toma una forma coherente con la oportunidad de trabajar la instalación en LABoral. Para nosotros la residencia va a suponer un apoyo importante, a nivel técnico, logístico y de recursos. De hecho la instalación está pensada específicamente para La LABoral, porque el proyecto tenía sentido en ese espacio, como punto de encuentro entre el arte, la tecnología y el contexto sociocultural de Asturias. Aunque hubiéramos seguido desarrollándolo, para nosotros es el lugar idóneo para exponerlo.

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Cuando hicisteis la primera parte de este proyecto, durante la residencia en Valverde de Curueño, también hicisteis performance, ¿Menhir tiene muchas dimensiones plásticas para mostrarse?

En Valverde trabajamos más el aspecto musical y performativo, y en LABoral pensamos desarrollar más el aspecto audiovisual e instalativo. Menhir surgió como un proyecto de colaboración entre una artista visual y un músico. De modo que nos acercarnos al terreno sin renunciar a ninguno de estos aspectos. Es un diálogo que se va desarrollando a medida que avanzamos en el proceso. Para nosotros la práctica artística, tanto musical como plástica, es la estrategia para configurar nuestros modos de hacer, nuestras maneras de actuar en el mundo, y de vivirlo. Por lo tanto vamos descubriendo y puliendo esas estrategias, enriqueciéndolas, adaptándolas a las circunstancias y contextos concretos. Menhir digamos que tiene tantas dimensiones como lugares en donde se realice, porque es un proceso que existe en relación a esos lugares específicos.

 

Durante la residencia en LABoral, ¿qué partes vais a realizar?

Nuestra intención durante la residencia tiene tres frentes: el carbón como material escultórico, como elemento cultural, y cómo transformarlo en sonido. Por un lado queremos trabajar con el carbón para realizar las piezas escultóricas: conocer el material, cómo reacciona, cómo podemos ensamblarlo, qué propiedades tiene. Por otro queremos desarrollar la instalación como instrumento con el arduino, aumentando las posibilidades de interacción con el sonido en tiempo real, para que tenga más capacidad expresiva e interactiva. El apoyo técnico en este sentido que nos ofrece La Laboral va a ser esencial. Por último, queremos explorar el paisaje minero, y las montañas, y grabar el vídeo que envuelve a la instalación.
Durante la residencia vamos a visitar minas, hablar con la gente que trabaja allí o ha trabajado, investigando la cultura minera y sus vínculos con la identidad del paisaje, recoger sonidos e imágenes. Tener tiempo para vivir el terreno, para comprender el contexto en su complejidad, y relacionarnos con él, a través de la imagen y el sonido, es el impulso que nos ha movido desde el principio con Menhir, de modo que en LABoral queremos desarrollarlo en Asturias.

 

Como artistas jóvenes, ¿creéis en lo positivo de este tipo de convocatorias?

Estas convocatorias son un impulso cualitativo muy fuerte para los artistas. Permiten que la práctica artística sea sostenible, que se desarrolle, que se amplíe y se profundice. Para nosotros el premio supone un mecenazgo, que posibilita nuevas formas para nuestro proceso artístico, difícilmente alcanzables sin cierto presupuesto y sin el espacio de la Plataforma 1. Casi siempre cuando empiezas algo estás tú sólo, y tienes que darle tú mismo ese impulso, dándole tiempo, dinero, y trabajo a lo que haces sin esperar nada a cambio. Creemos que desde ahí nacen ideas muy buenas, que luego gracias a estas convocatorias se ponen en diálogo con la gente, con las instituciones, y con las comunidades.

 

 

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