La Real Academia de España en Roma ha sido el espacio donde muchos de los artistas actuales han desarrollado parte de sus proyectos. En el programa de becas de este año se ha contado con artistas, arquitectos, diseñadores, y profesionales vinculados a las artes visuales y creativas, expandiendo el modelo de producción de los que reciben la beca. El pasado 25 de junio se presentaban los proyectos de los artistas e investigadores que han residido este año en Roma; Adrián Silvestre (Valencia, 1981) era becado en cine, Almudena Lobera (Madrid, 1984) en artes visuales, Álvaro Ortiz (Zaragoza, 1983) en cómic, Antoni Abad (Lleida, 1956) en netart, María Cristina García (Oviedo, 1967) en arquitectura, Enrique Bordes (Madrid, 1975) en diseño, Giuseppe Vigolo y Antonella Zerbinati (Vicenza, 1979 y 1982) en grabado, Greta Alfaro (Pamplona, 1977) en vídeo, Jesús Donaire (Ciudad Real, 1974) en arquitectura, Joan Espasa (Madrid, 1976) en literatura, Joan Morey (Mallorca, 1972) en escultura, Miriam Isasi Arce (Vitoria-Gasteiz, 1981) en escultura también, Samuel Leví (Vigo, 1982) en música, y Yann Leto (Burdeos, 1979) en pintura.

Javier Duero, del grupo curatorial Pista>34, ha sido este año el comisario de la exposición y del programa de actividades, que renovaba desde dentro tanto el equipo asesor como el funcionamiento de los proyectos becados, buscando una mayor conexión con otros centros internacionales y el desarrollo posterior de las investigaciones, más allá de la Academia. Fernando Villalonga, director de la Academia de España en Roma, presentaba el resultado de los meses de trabajo en una jornada de puertas abiertas.

Con uno de los becados de este año, Joan Morey, hemos charlado acerca de su trabajo, la performance y el arte hoy. Morey es licenciado y DEA en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona; su práctica artística se desarrolla a través de diferentes medios y soportes recuperando ciertos aspectos de la ideología modernista y la política de la representación. Principalmente explora el lenguaje del performance para generar acontecimientos, mise-en-scènes o intervenciones específicas que le sirven para construir situaciones en las que uno o varios intérpretes se someten a un rígido sistema de instrucciones o normas. Estas reglas también son desplazadas al rol que la audiencia desempeña en sus proyectos.

Todo esto y más es parte de BODY LANGUAGE [Il Linguaggio del Corpo], el proyecto que ha desarrollado estos meses en Roma.

Joan, cuéntanos sobre tu proyecto durante tu residencia en la Academia.

Durante mi estancia en Roma he desarrollado la parte performática del proyecto BODY LANGUAGE [Il Linguaggio del Corpo], un proyecto centrado en el estudio del cuerpo en la escultura clásica y su “traducción” al medio vivo de la performance. El proyecto, a grandes rasgos, establece una serie de puentes conceptuales entre la antigüedad clásica, la modernidad y la posmodernidad pero evitando la utilización de parámetros historiográficos y adoptando una actitud crítica frente a la (re)presentación del cuerpo.

En la etapa previa a su ejecución planteé una estructura de trabajo que permitiera desarrollar una serie de performances en las que varios intérpretes fueran sometidos a un rígido sistema de instrucciones o reglas (impedimentos motrices, esquemas coreográficos, patrones de interpretación…) colocando el cuerpo (del performer) en primer plano con la intención de cambiar la forma convencional de entender la escultura.

BODY LANGUAGE supone un giro lingüístico en mi manera de hacer habitual ya que he aplicado una serie de constricciones contextuales (reduciendo el marco de trabajo a la ciudad de Roma) y metodológicas (auto-imponiéndome una serie de negaciones formales y argumentales a modo de manifiesto) que no solo cuestionan el espacio democrático de la obra sino también su propia naturaleza.

Vistas de Roma desde la RAER. iPhoto: Joan Morey

Vistas de Roma desde la RAER. iPhoto: Joan Morey

Tu proyecto habla de la escultura clásica y su posible traducción al medio performativo, ¿hay líneas comunes? ¿ha sido difícil abordarlo? 

El punto de partida de todo el proyecto comenzó con el “No Manifesto” de la bailarina, coreógrafa, performer, filmmaker, escritora y teórica americana Yvonne Rainer. En 1965, Rainer escribió su “No Manifesto” como estrategia formulada para desmitificar la danza y romper los clichés históricos. BODY LANGUAGE [Il Linguaggio del Corpo] utiliza parte de los parámetros de negación de Rainer y algunos otros revisados según los aspectos de producción del ámbito artístico en el que me encuentro. Estos “NO a…” constriñen radicalmente todas y cada una de las fases de producción del proyecto, desde el trabajo preparatorio y conceptual a la formalización y realización de las performances, su documentación e incluso la recepción final de la obra por el público.

El proyecto se acoge a una estructura muy marcada que se escapa de los parámetros convencionales de investigación y los modos de hacer habituales en mis anteriores obras, ya que esa serie de normas pre-fijadas limitan mi espacio creativo y potencian un acercamiento a la escultura desde otra óptica, generando una especie de vaivén entre el lugar que ocupa el cuerpo en la escultura clásica y el desplazamiento de ese cuerpo en el medio vivo de la performance. Para ello he colaborado con la bailarina y coreógrafa afincada en Roma Marta Ciappina, estableciendo una serie de pautas y patrones de trabajo en dos direcciones que sólo se encuentran en el momento de ejecución de cada performance. Marta Ciappina formada en l’Accademia di Danza Contemporanea de Milán prolongó su formación en Trisha Brown Studio de NY. Trisha Brown es otro de los referentes conceptuales que maneja el proyecto, por lo que la colaboración de Marta en BODY LANGUAGE ha sido imprescindible en todo el engranaje de producción y sobretodo en el entrenamiento de los intérpretes que ejecutan la obra.

Paralelamente está la gestión económica del proyecto, gracias a la bolsa de producción que proporciona el programa de becas MAEC-AECID para proyectos de artistas españoles y extranjeros en la Academia de España en Roma, he dispuesto de un presupuesto para la realización del proyecto. Una de mis prioridades como creador, y que siempre defiendo firmemente, ha sido la retribución económica de todos los participantes en el proyecto. Además de potenciar una relación profesional con los colaboradores he intentado establecer vínculos afectivos de forma que el proyecto adoptase una dimensión más orgánica y productiva. BODY LANGUAGE ha funcionado más como un proyecto experiencial para los profesionales involucrados, ofreciendo dinámicas de trabajo que espero hayan revertido en nuevas herramientas en sus respectivas trayectorias. Esta metodología es diferente a lo que sucede cuando presentamos una obra acabada (o en proceso) en un espacio y ante una audiencia.

Joan Morey - BERNINIANA(detalle)

IL LINGUAGGIO DEL CORPO [Berniniana], Joan Morey, 2015. Photo: Leonardo Aquilino

¿Cuál crees que es el sentido de la performance en el arte presente?

No me atrevo a darte una respuesta a tal pregunta, no soy teórico del arte ni historiador, sólo puedo decir que para mí la performance es un medio artístico más a través del cuál desarrollo gran parte de mi producción artística. Quienes trabajamos en este medio debemos agradecer que otros artistas, comisarios, críticos de arte, teóricos, medios de comunicación y espacios de arte hayan “popularizado” la performance. Eso nos facilita enormemente el trabajo al abrir vías de aproximación a públicos no especializados (o reticentes al uso de este lenguaje como práctica artística). Aún así gran parte del mercado del arte se resiste y son pocos los galeristas, intermediarios, coleccionistas que asumen este mecanismo de producción con naturalidad.

Esta actitud frente al medio también ha sido cuestionada en este proyecto ya que BODY LANGUAGE [Il Linguaggio del Corpo] se ha llevado a cabo mediante tres performances “a puerta cerrada”. Con eso me refiero a que cada performance se ha realizado sin audiencia, y durante una hora los performers han sido encerrados bajo llave en el espacio de ejecución de la obra. En el interior de cada espacio el grupo de intérpretes se relacionan de forma individual con la mise-en-scène creando una atmósfera, un clima de tensión y algunas variaciones imprevistas sobre las partituras iniciales. Todo ello es recogido por las cámaras. En el proyecto, la cámara sustituye al espectador y funciona como cierre conceptual de la obra. He delegado en varios colaboradores esa mirada a través de la(s) cámara(s), prescindiendo de la parte creativa que, como autor, supondría dirigir las cámaras. Tanto el fotógrafo como los cámaras de vídeo fueron “encerrados” en el mismo espacio en el que se encontraban los intérpretes sin conocer la situación previamente, ni recibir instrucciones formales para realizar dicha documentación. De ese modo recogen información de la performance desde un rol activo como “cámara-ojo” obteniendo un resultado que es ajeno a mi punto de vista. Con todo ese material se generará un dispositivo documental que permita mostrar el proyecto.

BERNINI, WINCKELMANN, YVONNE RAINER. Joan Morey, 2015 Impresión en seda, 137 x 400 cm.

BERNINI, WINCKELMANN, YVONNE RAINER. Joan Morey, 2015
Impresión en seda, 137 x 400 cm.

¿Qué beneficios tiene estar becado?

La oportunidad que ofrece disfrutar de este residencia en la RAER ha sido muy importante para mí, sobretodo en el momento en el que se encuentra mi trayectoria profesional. Gran parte de las convocatorias artísticas actuales están enfocadas al arte joven y/o emergente, tienen límite de edad, o no siguen las buenas prácticas. Por ese motivo, los artistas mayores de 35 años o mid-career disponemos de menos oportunidades para poder desarrollar nuestra labor profesional. Me refiero, claro, a los artistas que no tenemos acceso al mercado; en mi caso no trabajo representado por ninguna galería, por lo que la parte comercial de mi obra queda prácticamente anulada. En este sentido ha sido un auténtico privilegio poder dedicar los seis meses de mi residencia únicamente a investigar y desarrollar mi proyecto, sin tener que depender de los múltiples trabajos paralelos que habitualmente realizo para sobrevivir, aunque estos estén siempre relacionados con el contexto del arte.

ESTUDIO 1, Real Academia de España en Roma. Photo: Begoña Zubero

ESTUDIO 1, Real Academia de España en Roma. Photo: Begoña Zubero

¿Qué destacarías de la residencia? (estancia, trato con otros becados, medios para producir…)

Lo más impactante desde el comienzo es la ubicación de la RAER en la ciudad. Un lugar privilegiado que te sitúa delante de una ciudad infinita y que en mi proyecto es casi el elemento principal. El proyecto BODY LANGUAGE no tendría ningún sentido en otro contexto, ya que el acceso directo a las diversas capas de historia que hojaldran la ciudad de Roma ha permitido establecer mi estudio (anacrónico) entre clasicismo, modernidad y posmodernidad sin recurrir exclusivamente a material bibliográfico.

Pero (y lamentablemente) la Academia no dispone de los medios suficientes para la producción de cierto tipo de proyectos, y no sólo me refiero a los medios para producir, sino al equipo humano que debe acompañar, o estar a la disposición de algunas necesidades de producción que se escapan de la autogestión del artista o de su trabajo en el estudio. El organigrama de la academia no dispone ni de medios ni de profesionales suficientes para gestionar, producir, etc. y menos aún tiene la capacidad de amortizar los proyectos de un grupo de becarios tan dispar.

Por eso, y en base a estas necesidades, este año se ha incorporado durante unos meses una persona externa de producción dedicada a algunos proyectos que lo requerían, pero en vez de ser una solución ha causado cierta crispación en el equipo interno de la academia y en extensión a algunos becarios que no han podido aprovechar este servicio. Por otro lado, el trabajo del comisario, también externo, no se ha acoplado a los proyectos ni intereses de los creadores/investigadores sino que ha funcionado de forma anexa, generando disonancias a veces incómodas y otras veces desconcertantes. Este tipo de apreciaciones no sólo tienen que ver con mi visión particular, sino con el contraste que se puede tener desde Roma si eres partícipe del tejido cultural romano y en especial de las actividades, programas y mecánicas de trabajo presentes en las demás academias (especialmente las Academias americana, francesa y alemana) cuyas estrategias son más conscientes del lugar que la cultura ocupa en la sociedad y en el contexto específico de la que forma parte.

Según mi experiencia durante estos meses puedo asegurar que Roma es una ciudad con una gran oferta en arte contemporáneo (que es mi ámbito artístico) y, según mi punto de vista, es muy triste y casi desesperante que con las posibilidades que tiene la RAER como institución permanezca en una especie de limbo apartado del contexto cultural de la ciudad.

IL LINGUAGGIO DEL CORPO [Lavoro in corso], Joan Morey, 2015. Sesión de trabajo con Marta Ciappina

IL LINGUAGGIO DEL CORPO [Lavoro in corso], Joan Morey, 2015. Sesión de trabajo con Marta Ciappina

IL LINGUAGGIO DEL CORPO [Berniniana], Joan Morey, 2015. Imagen de proceso. Cámaras: Leonardo Aquilino, Libera Balzamo y Marco Mazzone.

IL LINGUAGGIO DEL CORPO [Berniniana], Joan Morey, 2015. Imagen de proceso. Cámaras: Leonardo Aquilino, Libera Balzamo y Marco Mazzone.

 ¿Es la Academia una institución demasiado clásica, aún considerada demasiado constreñida?

Como comento en la anterior pregunta la institución no es que sea clásica (en ese caso yo no estaría aquí), ni constreñida (el director de la academia durante el programa 2014-15 ha adoptado como el emblema de acogida la libertad de acción para facilitar la producción de los proyectos becados) sino de algo más simple y a la vez de una gran complejidad: el valor de la cultura en nuestro país.

Las dinámicas de la institución no permiten trabajar a medio o largo plazo, sino tan solo a 9, 6 o 3 meses, en los que los proyectos deben generarse en parte o en su integridad y de los que la institución solo va a promover mediante una exposición en Roma y posteriormente en la Academia de San Fernando en Madrid. Según mi punto de vista, durante todo el periodo de becas es imposible establecer lazos reales con el público de la ciudad, con el resto de instituciones y menos aún con el sector de profesionales culturales si desde el comienzo de la temporada no se genera una programación estable, organizada y que cumpla una serie de objetivos que sobretodo tengan cierta sincronía con los intereses o áreas de investigación de los becarios, y no con los caprichos de empleados, patronos o compromisos adquiridos por la propia institución.

Tal vez el modelo actual de la academia debería acogerse a otros modelos de referencia internacional en un ejercicio de humildad que permitiese ampliar, renovar y reordenar los pocos trabajadores que se encuentran en la academia, definiendo exactamente cuales son sus competencias. Cabe apuntar que el nivel cualitativo de las propuestas presentadas este año, según mi parecer, es equiparable al de otras instituciones, por lo que la problemática no recala en los artistas sino en la deriva de la institución en una especie de confort que la mantiene funcionando de forma dispar según los intereses políticos de cada momento. Ante esta situación Javier Duero, con el que hemos trabajado durante esta promoción, organizó unas jornadas bajo el leitmotiv “re-pensar la academia” pero fue imposible generar ningún tipo de complicidad ni con el escueto equipo de la academia ni siquiera con los becarios, cuya responsabilidad durante los meses de estancia debería centrarse en la resolución de los respectivos proyectos o investigaciones por las que han sido becados, crear sinergias y diálogos entre ellos y no re-pensar la institución que les acoge.

NO MANIFESTO (después de Yvonne Rainer). Joan Morey, 2015 Impresión en seda, 137 x 250 cm. Photo de montaje en sala: Yann Leto

NO MANIFESTO (después de Yvonne Rainer). Joan Morey, 2015
Impresión en seda, 137 x 250 cm. Photo de montaje en sala: Yann Leto