Virginia Torrente es la comisaria de Atomic-Circus, la primera retrospectiva de la artista Patricia Gadea (Madrid 1960-Palencia 2006) en el Museo Reina Sofía (entre el 5 de noviembre y el 5 de enero).
Sin duda se trata de un hito necesario, una reivindicación desde lo más alto del trabajo de una de las artistas fundamentales de la figuración madrileña. Hasta ahora las exposiciones sobre la obra de Gadea habían sido contadas y en espacios más pequeños, como galerías. Se hacía necesario ya el reconocimiento por parte del Museo Nacional, que pusiera de relieve la importancia de Gadea y de su pintura. Una exposición que reúne pinturas de gran formato, cartulinas realizadas desde los noventa en adelante, además de dibujos producidos desde 1999.
Aprovechamos la próxima inauguración de Atomic-Circus y preguntamos a la comisaria sobre lo que supone esta exposición.

El título de la exposición viene de la individual que Patricia Gadea celebró en la galería Masha Prieto (Madrid) en 1992, donde presentaba por primera vez carteles de circo que arrancaba de la calle e intervenía en el estudio, ¿por qué precisamente Atomic-Circus?
Le he dado muchas vueltas a cómo titular esta exposición y finalmente ha quedado este título que la misma Patricia Gadea utilizó para esa exposición. Atomic-Circus marcó un eje trascendental en la obra de la artista, tanto hacia delante como hacia atrás, tanto en fecha como en referencia a la evolución de su trabajo. La serie Circo, aquí reunida casi al completo, funciona como un antes y un después de su trabajo, y es muy importante en esta exposición.
04-PATRICIA GADEA

Patricia Gadea. Sin título. Serie Circo, 1992

El trabajo de Gadea apela a lo popular desde una libertad personal total, marcada por sus sensaciones, pero también muy mordaz y crítica, ¿hay una relación directa entre vida y obra en el caso de esta artista?
Hay una relación clarísima en este asunto. Patricia Gadea es un ser de su tiempo: nacida en 1960, estudia en un colegio privado de Madrid donde la pedagogía avanzada era fundamental y se le daba gran importancia a las artes; sus padres no se oponen al hecho de que quiera estudiar Bellas Artes, y lo siguiente que se encuentra en su vida ya profesional son los primeros años de democracia en España, de una libertad absoluta en todos los campos. No había trabas a una nueva manera de pintar (figuración, pop, etc.…) y esto venía acompañado de una contaminación con la música y otros campos de creación que no sólo estaban en total efervescencia en el Madrid de los años ochenta, sino que además, tenían múltiples lugares donde exponerse, entre lo alternativo y lo oficial, y un público seguidor muy numeroso y entusiasta. Toda esta libertad nunca era suficiente para Patricia Gadea, que hurga y excava -a través de un sentido del humor a veces inocente y que con el tiempo se va volviendo más mordaz- en las capas de lo social y lo político, en lo que ocurre –y ocurrirá- debajo y después de esta euforia creativa, apoyada por la nueva política en España. Con todo, ella misma será víctima de esta ansiedad de libertad -efímera- total, cuando las drogas eran otro campo también de experimentación, campo que a la artista le pasó factura.

La libertad nunca era suficiente para Patricia Gadea, que hurga y excava en las capas de lo social y lo político bajo esa euforia apoyada por la nueva política en España.


Como comisaria de la exposición, ¿qué es lo más especial y particular del trabajo de Patricia?
La búsqueda constante de plasmar esa libertad en la que vivió, la alegría y el disfrute de su trabajo, que es contagioso para el público de manera muy fácil, algo que sucede no de manera tan espontánea como parece, sino que ella buscaba y conseguía. Su transparencia y manera directa tanto de atacar los temas como en el resultado. Bajo esa alegría y euforia, cuando llegaron malos tiempos para la artista en la última etapa de su vida, no sólo no deja de trabajar, sino que muestra una tristeza sin reparos, con gran dignidad. Siempre fue una visionaria en lo social y en lo político, y sin embargo, en su vida personal, no supo controlar las riendas, entregándose como hacía a fondo a todo.

Patricia Gadea. El ritmo del mundo, 1984

Patricia Gadea. El ritmo del mundo, 1984

La alegría de vivir, la velocidad a la que sucedían los acontecimientos y el disfrutar de todos ellos a un ritmo imparable, la certeza de que después de cada fiesta toca un momento de resaca ineludible –esto, aplicado a la euforia de los ochenta y el fin de aquella época-, asociado a la falsedad y el engaño de los políticos, sean del signo que sean. Entre las “mil ideas por representar”, Patricia se fija en todo lo que le rodea, y unido a esto, el mundo de la fantasía y sus propios sueños son también fuente de inspiración constante. A través del cómic, el collage, y los referentes comerciales con que somos bombardeados constantemente, Gadea amalgama ideas y métodos representativos con una rapidez y una constancia inauditas para una artista que desarrolló su obra muy joven y que con 23 años estaba triunfando.

(Patricia) buscaba y conseguía plasmar esa libertad en la que vivió, la alegría y el disfrute de su trabajo.

La evolución de su trabajo, que vemos en esta exposición, desde sus inicios en la pintura en 1983 (donde pronto es reconocida en Madrid) hasta su marcha a Nueva York en 1986 a su trabajo a partir de los 90, ¿muestra siempre un inconformismo con la situación política de entonces? ¿Hay un desengaño sobre la idea de Transición y el optimismo extremo de la España de entonces?
Creo que todo esto que mencionas sucede más bien a la vuelta de Nueva York, a partir de 1989, y tiene su máxima expresión en la serie Circo antes mencionada, donde a través de la metáfora de la fiesta que tiene una duración determinada y luego toca recoger y trasladarse a otro lugar para una nueva representación, incluye no sólo a las típicas figuras de circo (domadores, trapecistas, leones y otras fieras que asustan pero no hacen nada) sino a políticos del momento sin hacer distinción de ideologías (le dan igual Bush que Felipe González, están todos cortados por el mismo patrón). Gadea vuelve desencantada de Nueva York, donde el éxito parecía estar asegurado pero no era tan fácil triunfar, y al volver a España, percibe con lucidez que esa euforia que ella vivió en los ochenta está a punto de terminar, que los últimos cartuchos son los fastos culturales de la España del 92 (año de la serie Circo) y que vienen tiempos más difíciles, que la ayuda a la cultura se empezaba a recortar desde ese momento porque ya no interesaba el modelo francés socialista que González aplicó de inyectar dinero a las artes para ganar votos… por supuesto que la Transición le produjo un desengaño extremo, nos desengañó a todos, pero Gadea parecía querer avisarnos con tiempo de todo esto a través de su trabajo…

Patricia Gadea. Sin título. Serie Circo, 1992

Patricia Gadea. Sin título. Serie Circo, 1992

¿Existe una vigencia en el trabajo de Gadea? Los temas de desengaño político y social, lo grotesco y lo bello que se rozan, la necesidad de ser gamberra… ¿hay una correspondencia con el momento presente?
Yo creo que sin duda la hay pero el público lo juzgará al ver la exposición en el MNCARS… es curioso no sólo todo lo que comentas en tu pregunta: el gamberrismo intencionado, el desengaño político y social –al que hay que añadir también el cultural-; la cercanía entre lo grotesco y lo bello… me ha llamado mucho la atención la expectación con la que pintores muy jóvenes de nuevas hornadas contemporáneas me hablan de su gran interés por el trabajo de Gadea, de las ganas de ver esta exposición, no sé si buscando un referente de los ochenta para ellos desconocido, pero creo que la posibilidad de ver y entender el enlace real entre el trabajo de esta artista en su momento y el de algunos de los jóvenes artistas que están comenzando a exponer ahora, es bastante impresionante.

“Pintura como arma estratégica”, así defines el trabajo de Gadea, ¿en qué sentido: formal, conceptual, crítico…?
En todos los sentidos, pero básicamente, en el más literal. Gadea utiliza su pintura como arma arrojadiza, ella misma describe su trabajo como “un campo de minas”… Por su innovación en los temas tocados, por su apropiación de soportes paralelos a la pintura antes vetados a la misma (cómic, anuncios y carteles de propaganda) por no diferenciar intencionadamente entre alta y baja cultura… frente a su transparencia, la ironía y el humor son otra de sus armas, pero si quiso mostrar tristeza o cabreo, con todo, también lo hizo… No olvidemos que Gadea rompe con la tradición pictórica de la abstracción en España, donde la queja contra el franquismo era bien sutil porque no había otra manera de hacerla. Ella se lanza a tumba abierta con su trabajo.

Me llama mucho la atención la expectación con la que pintores muy jóvenes de nuevas hornadas contemporáneas me hablan de su gran interés por el trabajo de Gadea.

Me parece, en mi opinión de historiadora del arte muy joven aún, que el trabajo de Gadea no ha sido suficientemente reconocido hasta hoy. En mi caso no lo conocía hasta hace apenas un par de años, ¿responde esta retrospectiva a una necesidad de genealogía y reivindicación?
Creo que en esta falta de visibilidad se juntan muchos factores, que son tanto personales de la vida de la artista como relacionados con el momento que le tocó vivir. A partir de 1999, Patricia Gadea se retira a vivir en Palencia para apartarse del mundo de las drogas en el que estaba muy metida. Su obra deja de tener referentes expositivos casi desde ese momento hasta hoy. Hemos hablado mucho de su lucidez, de cómo muchos temas que tocó en su pintura, no sólo continúan vigentes sino que se han agudizado, y todos ellos se resumen en la palabra crisis. Más que genealogía y reivindicación, yo lo llamaría actualidad permanente de su obra. Hemos perdido la capacidad de criticar, y ahora necesitamos este aspecto reivindicativo más que nunca. Creo que esta exposición retrospectiva de su obra no podía ser más pertinente.

Patricia Gadea. Bar Churrúpez, 1988

Patricia Gadea. Bar Churrúpez, 1988

Me resulta particular un dato: entre 1983 y 1986 Patricia expone en Madrid y es ampliamente reconocida en el circuito artístico por la calidad de su trabajo. Se marcha a Nueva York y a su vuelta sigue exponiendo hasta 2004, su última exposición. Sin embargo, de alguna manera sigue siendo una figura poco reconocida, ¿a qué crees que se debe esto? ¿Ser mujer y artista?…
Más que el tema “mujer y artista”, del que tanto siempre se habla, vuelvo a enlazar con la pregunta anterior. Es difícil mantener un trabajo –y una vida- tan intensos a como fueron el trabajo y la vida de Patricia Gadea, todo esto tiene que rebajarse o terminar en algún momento, y ella misma puso freno, de manera no intencionada, en el momento en el que las drogas forman una parte demasiado importante de su vida. Creo que hay otros muchos factores que se resumen en el fin de esa euforia de los 80’s y 90’s, la poca profesionalidad de la última galería que la representó y su cierre (un hecho que no es único en la crisis que ya se mostraba en el cambio de siglo), unido al aislamiento de Gadea en Palencia, y por supuesto, el cambio estético de los noventa, momento en que la pintura pasa a no ser el arte más de moda que digamos… todos estos datos, priman por encima del hecho de ser mujer y artista, estoy segura.


Porque resulta también interesante que sea precisamente una mujer comisaria la que reivindique su obra…
Una vez más, como en la obra de Patricia, creo que el género no es un tema tan relevante… da la casualidad de que yo fui de pequeña al colegio con Patricia, que seguí su trabajo a lo largo del tiempo y que soy muy amiga de Juan Ugalde, pareja de Patricia. Creo que estos factores son más importantes que el hecho de ser ambas mujeres.

 

Patricia Gadea. Diosas, esposas, rameras y esclavas, 1993

Patricia Gadea. Diosas, esposas, rameras y esclavas, 1993

Gadea nunca se definió como feminista pero sin embargo desde mediados de los 90 los temas femeninos se convierten en una preocupación para ella, ¿cómo se ve esto en su trabajo? ¿Había realmente una crítica feminista no reconocida?
Ocurre que Gadea, cuando se recluye en el año 1999 en una clínica de desintoxicación en Palencia, está rodeada mayoritariamente de hombres, hombres que tienen el mismo problema que ella. Al estar alejada de los focos artísticos y centrada en su problema de adicción, no sólo piensa más en sí misma, sino que piensa más en sí misma como mujer. Ya no es “la reina de la fiesta” de la Movida, hay poco ahora que celebrar, y ahora se centra en “ser mujer”. La ausencia de una casa propia le hace soñar con una vivienda ideal, la falta de intimidad femenina es otro tema ahora principal, en una vida compartida con hombres en un centro comunitario, etc… son más bien estas circunstancias personales las que ha hacen soñar, más que reivindicar, una vida de mujer ideal, que yo no llamaría ni femenina ni feminista.

Si tuvieras que definir con una frase el trabajo de Gadea… 
La gran lucidez con que Patricia Gadea pinta el momento que le tocó vivir, esos tiempos de primera democracia en España -los años 80’s y 90’s-, donde todo era libertad y euforia, y la contemporaneidad actual, pasado el tiempo, de su trabajo pictórico.
Patricia Gadea. Sin título, 2003

Patricia Gadea. Sin título, 2003

Patricia Gadea, “Atomic-Circus”, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), del 5 de noviembre de 2014 al 5 de enero de 2015.