Actualmente me encuentro inmersa en la lectura del libro de Calvin Tomkins “Duchamp” (Editorial Anagrama, Barcelona, 1999).
Lo cierto es que se trata de una manera entretenida de conocer un poco sobre la vida de este misterioso genio del arte, así como su manera de crear y concebir las obras que realizó.
No se trata tanto de un libro de historia del arte, sino más bien una biografía donde se intercalan sus vivencias con sus creaciones.
Es interesante, a mi juicio, poder combinar esta lectura con un conocimiento más histórico e artístico de Duchamp, es decir, profundizar en qué estaba pasando en ese momento en Francia, Nueva York… y qué importancia tiene la obra de Marcel en la Historia del Arte.
Esta unión (biografía + arte) nos dará una ligera profundización en su figura desde varios ámbitos y nos permitirá conocer mejor su personalidad, transgresora en el arte, nihilista en la vida.
La lectura de este libro de Tomkins ayuda, por otra parte, a conocer las distendidas relaciones entre los artistas del momento (Picabia, Man Ray…) y las mujeres de éstos, así como relaciones sexuales entre los propios artistas, tríos, infidelidades…
Esta obra nos enseña un poco más acerca del carácter de Duchamp, cómo se tomaba la vida y cómo esto se refleja en su obra.
Cito aquí un trozo del libro, cuando Duchamp decide convertir su alter ego en una mujer:
“No fue para nada cambiar de identidad”, dijo en una ocasión, “sino para tener dos identidades”. Su idea original fue optar por un nombre judío para contrarrestar su educación católica. “Pero entonces se me ocurrió de pronto: ¿y por qué no un nombre de mujer? Mucho mejor que cambiar de religión es cambiar de sexo…Rose era el nombre de chica más bobalicón de la época, por lo menos en francés. Y Sélavy era un calambur sobre c’est la vie”.