Cuando repasamos la historia del arte muy frecuentemente vemos cómo ciertos movimientos y estilos fueron tardíamente aceptados; suele ser habitual que cuando algo llega al público general ya ha tenido un proceso más largo dentro del propio movimiento. Algo así ocurre con una tendencia de la última década, el Post-Internet, que presenta ahora su puesta de largo en la galería Ponce + Robles, en Madrid. Cristina Anglada es la comisaria de Nicely Offensive, una exposición colectiva dentro del programa a3bandas, con los artistas Barriobajero, Ferèstec, Marián Garrido, Emilio Gomariz, Taisuke Koyama, Jaakko Pallasvuo y Seth Price.

Desde que Internet dejó de ser una novedad para convertirse en una herramienta que usamos a diario, la relación que mantenemos con la red se ha convertido en algo aceptado, interiorizado, y que ha modificado nuestros modos de vida, desde lo cotidiano a otros campos de producción, reflexión, percepción y relación.

En el catálogo de la exposición se pone sobre los antecedentes de Post-Internet. El término fue acuñado por Marisa Olson y desarrollado después por el escritor Gene McHugh en el blog de crítica Post-internet del 2009 al 2010. Su uso se ha generalizado entre numerosos teóricos y artistas (Artie Vierkant). En cuanto a su vertiente creativa, el arte post-internet va más allá de las preocupaciones específicas de las nuevas tecnologías (como el new media), y se centra en los cambios culturales actuales donde la tecnología juega un rol pequeño, aunque cada vez más importante.

¿Cómo se resuelven materialmente las obras post-internet? La red se convierte en el centro de recepción y de producción, y es habitual el uso del apropiacionismo, el reciclaje, la relectura o el collage. La mezcla de elementos de arte y no arte, la inexistente diferencia entre alta y baja cultura también son rasgos de este movimiento. Sin embargo, en Nicely Offensive se quiere remarcar también algunas cuestiones que plantean estas piezas y artistas: la materialización de muchas de ellas, convertidas en objetos vendibles, entra en relación directa con el mercado, rompiendo así algunas de las utopías que se planteaban en su inicio con internet, como territorio libre y no capitalista.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

La exposición comienza con una de las obras que inician este movimiento, el ensayo-manifiesto Dispersion de Seth Price sobre arte, medios de comunicación, reproducción y sistemas de distribución. Aunque inicialmente se creó para la Bienal de Arte Gráfico de Ljubljana, a lo largo del tiempo se ha ido distribuyendo con distintos formatos, desde el libro de artista al PDF o escultura. En Ponce + Robles se dispone un ordenador conectado a la web para descargar el manifiesto y una impresora, que nos permite llevarnos un ejemplar del mismo.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

Le sigue la pieza de Emilio Gomariz creada especialmente para la exposición, Kame Hame Fountain, basada en la cultura del videojuego y su reutilización posterior en cualquier ámbito, popularizando ciertas imágenes y gifs animados. La imagen muestra a Vegeta, del videojuego Dragon Ball Z, con un surtidor de agua vertical que se repite, reinterpretando la escena original para esta pieza.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

Marián Garrido trabaja en torno a las vinculaciones entre lo mágico y la ciencia, planteando la recuperación de conocimientos ya perdidos. No nos sorprende, entonces, encontrarnos en medio de la galería con una alfombra que parece levitar unos centímetros por encima del suelo. Forma parte del proyecto En los mundos desaparecidos fue posible perderse en el éxtasis… donde reflexiona sobre el papel del arte y las nuevas tecnologías como formas modernas de representar ese ilusionismo y magia en la actualidad.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

La estética de Internet a través de las texturas digitales, la traducción de códigos digitales a objetos reales, y la relación entre lo virtual y lo real son parte de lo que investiga Barriobajero, proyecto firmado por Silvia Bianchi y Ricardo Juárez. En la galería encontramos varios ratones de ordenador, donde destaca el diseño ergonómico, con texturas aplicadas sobre su superficie, conectando directamente con la idea de máquina, diseño para el hombre y trabajo.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

El formato vídeo es el elegido por Jaakko Pallasvuo, finés afincado en Berlín. En Nicely Offensive se muestra la serie How To… Paths to sucess in the International Art World, cinco vídeos cortos a modo de tutorial que intentan darnos pistas sobre cómo triunfar en el mundo del arte. Ironía y sentido del humor para burlarse de ciertos estereotipos del sistema artístico. Pallasvuo utiliza imágenes encontradas en internet, apropiaciones y cuestiona cómo nos narramos a través de la red.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

Si seguimos el recorrido de la exposición, encontramos dos fotografías del japonés Taisuke Koyama. De gran tamaño, destaca en ellas la abstracción de vivos colores que ocupa todo el papel. Lo que parece un arco iris, pero que no somos capaces de definir, es el resultado de un proceso de re-fotografiar una y otra vez, en varias capas, una misma superficie. Koyama utiliza distintos procesos para abstraer la imagen, incluyendo cambios físicos, ópticos y la conversión de dispositivos digitales. Rainbow Waves, de 2013, son imágenes macro de los carteles de publicidad de las máquinas expendedoras que se han convertido en lo que ahora vemos gracias a una re-impresión, re-fotografiado, e incluso situar las imágenes bajo el agua.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

La exposición termina con Ferèstec (Ferran Pla), artista barcelonés que trabaja desde el ámbito de los nuevos medios, el arte digital, el computer art y el net art. Slow Graffiti incluye un libro, una impresión en 3D y distintos modelados. El uso de colores primarios es evidente, incidiendo en este cromatismo al usar el graffiti en una instalación sobre la aceptación del error como forma de avanzar.

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© Guillermo Gumiel / hablarenarte

Cristina Anglada, comisaria de la exposición, dice que la etiqueta de “post-internet” es tan escurridiza como polémica, tan exitosa como frustrante; sin embargo, Nicely Offensive es una de las mejores opciones para acercarnos a la creación en torno a esta idea de manera sencilla y clara, comprensible por todos. Para alguien ignorante en el tema, como es mi caso, la muestra de estos artistas en la galería Ponce + Robles supone una más que adecuada forma de entrar en contacto con estas concepciones de lo digital como otra utopía y como una amable posibilidad que, sin embargo, encierra en sí misma una ofensiva.

 

Nicely Offensive se puede ver en la galería Ponce + Robles (Calle Alameda, 5, Madrid) hasta el 23 de mayo de 2015.