El vínculo que une a las artes plásticas de las sonoras es un tema más que trabajado en el arte contemporáneo. La separación entre las disciplinas nunca fue real y, finalmente, lo que se conoce como arte sonoro dio paso a la creación que aunaba ambas. Pero no era el único recurso. ¿Acaso la performance, el videoarte, el cine, o incluso la instalación, de algún modo, no reúne a ambas?

Hace unas semanas José Luis Calderón entrevistaba en este blog a Cristina de Silva y Nacho de la Vega, integrantes del colectivo Fium y comisarios de una nueva edición del L.E.V., Laboratorio de Electrónica Visual. El que se ha convertido en uno de los festivales claves del panorama sobre música electrónica y creación visual, celebraba este fin de semana pasado una nueva edición en los espacios de Laboral Ciudad de la Cultura y LABoral Centro de Arte.

La propuesta, a la que acudí, vinculaba como pocos eventos los dos edificios con el mismo nombre. Homónimos y vecinos, prácticamente puerta con puerta, conseguían los tres días de festival un flujo incesante de gente que de uno a otro disfrutaba de los grupos que conformaron el cartel (sin olvidar las citas diarias con sesiones musicales en el Jardín Botánico Atlántico, a pocos metros de ambos).

En 2007 se estrenaba el L.E.V. y, siguiendo los preceptos de sus organizadores, lo cierto es que el intenso programa deja espacio al descanso, a la meditación y al disfrute. Si hay algo que destacar de la experiencia de acudir al L.E.V. es la posibilidad de disfrutar de auténticos espectáculos sonoros y visuales en medio de un ambiente sin prisas. El entorno no puede ser mejor: el imponente edificio obra de Luis Moya que albergaba, en su origen, un orfanato minero. No se puede escapar del contexto mientras se pasea por los espacios, cuando de una sala a otra acudes a los conciertos. Todo está imbricado en la esencia del festival, y el primer visual destacable es, sin duda, el espacio.

Laboral Ciudad Cultura

El jueves daba comienzo el evento con PlayMid en el Puerto Deportivo de Gijón. La noche dejaba claras sus intenciones para los próximos días desde uno de los enclaves más envidiables de la ciudad asturiana.

El viernes la programación principal daba comienzo ya en LABoral, que presentaba en su LABoratorio de Sonido la obra de Yuri Suzuki. El sonido de las olas es una instalación que recrea los patrones de las olas del mar a través de un palo de lluvia o palo de agua africano. Las obras, que se movían en distinto ritmo, convertían el espacio en una zona de sosiego y paz, reproduciendo para esta producción conjunta de LABoral y el L.E.V. las mareas de San Lorenzo y Santa Mónica.

yuri suzuki

No es la única pieza producida para el festival por LABoral. Nicolas Bernier (Ottawa, Canadá, 1977) presentaba el resultado de su residencia de producción en el centro, frequencies (light quanta) es una composición sonora que utiliza micro sonidos y “clicks” (los sonidos más breves que pueden oír los seres humanos); un total de 100 placas acrílicas reproducen una imagen en movimiento a base de líneas y puntos. La obra, que permite visualizar el sonido y los patrones audiovisuales, se situaba en la Sala de Pinturas al lado del Teatro, espacio central de la programación.

nicolas bernier

Era precisamente aquí, en el Teatro, donde se dieron cita grandes nombres de la estela electrónica, en una combinación de sonido y visuales perfecta.

La abstracción tomaba el protagonismo en medio del lirismo y la voluptuosidad sonora en la propuesta de JacaszekAlba G. Corral. Los ritmos marcaban las formas, en un gran trabajo en directo de Corral.

Una de las citas más esperadas era el regreso de Cabaret Voltaire, un icono de la música electrónica en los 70. Era precisamente de la mano de uno de sus fundadores, Richard H. Kirk, cuando se ponía fin a dos décadas de silencio, y lo hacía con un gran espectáculo de música, ritmo y sonido tomado de los medios de comunicación de masas. Fragmentos extraídos de la radio y la televisión iban acompañados de un tríptico a gran pantalla que alternaba escenas diversas, desde la guerra a la publicidad pasando por Andy Warhol y George Bush, en un manifiesto visual de la historia del siglo XX.

cabaret voltaire

Cerraba la noche en el teatro otro de los grandes momentos del festival, con Ben Frost con MFO haciendo que las luces coparan toda la atención. El imponente teatro se llenaba de humo y las luces se materializaban al ritmo del sonido.

Acababa la cita en la nave de LABoral con Architectural, Bochum Welt y Legowelt.

El sábado el L.E.V. comenzaba bien temprano en el Jardín Botánico de Gijón, con música al aire libre con Skygaze, Daisuke Tanabe, Yosi Horikawa y Memorabilia.
La programación continuaba en la iglesia, donde desde el día anterior se podía ver, en una gran pantalla, el trabajo de Quayola, Strata#4, una pieza audiovisual que descompone obras clásicas de arte hasta hacerlas abstractas, tangibles, orgánicas y casi tridimensionales.

De nuevo el teatro de Laboral Ciudad de la Cultura y la nave de LABoral Centro de Arte eran los espacios principales de la programación, con Paul Prudence (con sus visuales sobre los viajes espaciales), Transforma & Yro (magníficos manipulando en directo formas geológicas y artefactos naturales), y Senking, Gazelle Twin y Akkord, entre otros.

Sin duda, la programación del L.E.V. es intensa durante los tres días del festival, pero lo cierto es que el enclave, las zonas de descanso (desde la plaza central de la Laboral a la iglesia o el Jardín Botánico) hacen de esta cita mucho más que un festival de música electrónica. Convierten a Gijón en el protagonista de la cita y nos invitan a descansar y disfrutar del mejor arte sonoro y visual durante unos días.

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