Cualquier persona interesada en el arte del siglo XX conocerá, sin duda, la figura de Joseph Beuys, no sólo por su peculiar carácter sino también por lo decisivo de sus creaciones para el arte actual.
Nacido en 1921 en Alemania, desde muy niño se mostró interesado en los animales (algo que será determinante en su obra posterior), en la música (admiraba a Strauss) y posteriormente en la literatura, destacando su fascinación por Goethe, Kierkegaard…así como por pintores de la talla de Da Vinci o Munch.
Durante la Segunda Guerra Mundial sufriría un peculiar accidente que sería un hecho revelador en su obra: fue abatido por las fuerzas aéreas rusas en Crimea y salvado por unos nativos que lo envolvieron en grasa y fieltro y le salvaron la vida. Estos dos elementos serán recurrentes en muchas de sus acciones posteriores.
Para no adentrarme demasiado en la peculiar historia de este artista, que no es para nada pequeña, sólo citaré que a partir de entonces centró su atención en la creación artística, siendo decisivos los animales, así como la espiritualidad y religiosidad del hombre (nació en el seno de una familia católica y la situación de la Alemania de la posguerra le llevaría a intentar encontrar la razón humana en lo espiritual).
Su concepción de la creación artística es también peculiar: arte y vida van de la mano y cualquier ser humano tiene en su interior la fuerza creativa del arte, con lo que no distingue entre artista y no artista.1207261279_f
A partir de los 60 comenzarán sus primeras acciones, enmarcadas dentro del movimiento fluxus y neodadá, aunque pronto se alejará de ambos, considerando que era necesaria una conciencia política en el arte, y considerando al fluxus como algo anónimo, neutro y racional.

Sus acciones se apartaban de todo esto, buscaban un significado intrínseco y una influencia en el pensamiento de los espectadores. En Cómo explicar los cuadros a una liebre muerta, Beuys se cubrió la cabeza con miel y panes de oro y explicaba a una liebre muerta que sostenía en sus brazos, qué significado tenían sus propios dibujos expuestos en la sala. Esta acción estaba cargada de significado: el propio artista era comunicador, creador y escultura; la liebre se oponía a la sinrazón del hombre, es decir, tenía un significado político.
Además de esta acción, Beuys llevó a cabo muchas otras, siendo conocida por muchos Me gusta América y a América le gusto yo, en la que se recluyó durante tres noches en una galería neoyorquina junto con un coyote y otros elementos recurrentes en su obra: fieltro, paja, papel (periódicos que le traían diariamente)…Su crítica se centraba en la política norteamericana con los indios nativos, llegando a conseguir una complicidad tal con el coyote que Beuys termina durmiendo sobre la paja del coyote y éste sobre el fieltro del artista. Beuys no tocó suelo neoyorquino para esa acción, exceptuando el de la galería: al aterrizar fue trasladado en ambulancia hasta ella y a la vuelta al aeropuerto también.
Joseph Beuys muestra así su escultura social, que pasa por una implicación del artista en los procesos económicos, sociales y culturales del mundo. El artista rechaza la ambiguedad neodadá y opta por una participación real.
Su participación le llevó incluso a militar políticamente en diversos partidos, algunos creados por él, como el Partido Alemán de Estudiantes, o crear instituciones como la Universidad Libre Internacional.
Pese a lo que pueda pensarse del uso que hace Beuys de elementos cotidianos en sus acciones, no nos encontramos ante un readymade como Duchamp planteaba, ya que aquí esos objetos han sido parte del artista, han convivido con él y son parte de su esencia, con lo que no buscan ser algo objetivo, sino algo personal.
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