La Fundación Telefónica abre las puertas de su espacio en el céntrico edificio de Gran Vía a uno de los máximos representantes del arte electrónico. Jim Campbell (Chicago, 1956). Un total de 27 obras que combinan vídeo, luz, y proyecciones en soportes como pantallas LEDs, LCDs o monitores de televisión, y que conforman una muestra donde la percepción individual se convierte en protagonista. El trabajo de Campbell podemos definirlo como esculturas de luz, imágenes tridimensionales que se definen a través a de los LEDs, píxeles, frames y circuitos electrónicos. Lo que vemos finalmente, y que nos muestra en esta exposición, son piezas de una belleza visual única, altamente sensibles a la percepción más primaria, donde influyen desde la distancia hasta nuestro estado de ánimo.

Campbell nos acompaña en una visita a su exposición mientras aún están montándose las piezas.

¿Qué tiene de especial esta exposición?
Hace años tuve obras en ARCO pero esta es mi primera exposición, como tal, en España. Este espacio (en la tercera planta de la Fundación Telefónica) es muy amplio, lo que nos permitió hacer una especie de muestra retrospectiva de mi trabajo; la obra más antigua aquí es de 1991 y la más reciente de 2014.

Una de las piezas de Jim Campbell

Desde tus primeras obras a las actuales has cambiado mucho, ¿cómo ha sido esta evolución?
Una de las progresiones que mi trabajo ha tomado es que se ha vuelto cada vez más y mas simple, de alguna forma. Mis imágenes son muy simples ahora, son lo opuesto a la alta definición. A mediados de los 80 hice algunas películas, y en 1990 comencé a trabajar con vídeo; fue en torno al 2000 cuando comencé a trabajar con luces LED.

¿Cómo definirías tu trabajo y tu posición?
Me defino a mí mismo, comúnmente, como un artista electrónico. No podría calificarme como cineasta porque incluso mis mejores piezas de vídeo tratan de la percepción, del contenido de la imagen.

Sobre las piezas que podemos ver, donde todo se difumina, ¿qué predomina, la interpretación o la emoción?
Creo que mirar una imagen que no tiene detalles tiene algo de primitivo, ya que no te obliga a descubrir quién es el que aparece; la imagen, por tanto, es más simple, y este hecho te invita a disfrutar la pieza de manera menos complicada, en términos de percepción personal, sin necesidad de analizarla; es como como si “volara” hacia ti.

Una de las piezas de Jim Campbell

Campbell recorre su exposición hablando de todo lo que ve con cierta emoción; no en vano muchas de las piezas tienen que ver directamente con su vida, con su familia y con su experiencia.
Entre las primeras obras que abren la muestra, dos realizadas a partir de found footage comprado en eBay. Son imágenes familiares típicas, de las que todos tenemos, en las que las vacaciones familiares, la Navidad o los cumpleaños se convierten en protagonistas del film. Campbell ha borrado las caras de los personajes de estas secuencias para mostrar que, independientemente de su origen, estas escenas se repiten siempre en todas las familias.

Compré unas doscientas horas de películas de los años 40, 50 y 60 en eBay, y me sorprendió descubrir que todas eran iguales. Todas representaban los mismos momentos: un cumpleaños, las vacaciones, un baño en la piscina… Así que eliminando la cara de los personajes, podría ser tu película casera, la de tu familia. Buscaba que esto conectara con la idea de memoria; los recuerdos que tenemos son como una neblina, ya que no recordamos los detalles de cada escena, sino más bien las sensaciones que vivimos.

En una sala contigua, un cañón de diapositivas muestra, acompañado de su rítmico sonido, una serie de fotografías que apenas logramos ver unos segundos. Son imágenes que tan pronto aparecen, dejan de estar proyectadas, y que nos obligan a pararnos un momento para intentar verlas lo máximo que su corto tiempo de “vida” nos permite.

Son películas caseras también, que vemos a través del video-proyector, no de las diapositivas. Cada vez que sale una, la luz del proyector las tapa; realmente no hay imágenes en las diapositivas. Vemos sólo el principio de cada película casera, que desaparece a los pocos segundos, cegada por la claridad; es como una impronta de la memoria, fugaz. Sin embargo, si nos fijamos bien, aún podemos ver, entre tanta luz, un matiz de la imagen que se proyecta de fondo.

Nos situamos con bastante distancia de su pieza más conocida Exploded view, de 2011, conformada por pequeñas bombillas repartidas en el espacio, con un acertado fondo negro, y que apenas nos dejan ver qué ocurre en esta obra.

Es Grand Central Station, en Nueva York. Esta pieza comenzó como una imagen de dos dimensiones, con miles de píxeles. Decidí desgranar cada uno de ellos, y darle una estructura tridimensional. Cuando te acercas es demasiado abstracto, y más si te sitúas ya no de frente, sino desde un lado, donde la percepción es absolutamente distinta, incapaz de distinguir nada. Este, como muchos de mis trabajos, comenzó siendo un experimento; en este caso para saber qué ocurría si transformamos una imagen a las tres dimensiones.

Una de las piezas de Jim Campbell

Su familia está muy presente en varias piezas. Desde sus padres, que tenían algunas discapacidades, a su hermano, fallecido. A ambos Campbell homenajea con obras que intentan cuestionar cómo miramos a los otros, y qué ocurre si a través de un ejercicio de abstracción, el artista transforma a los personajes en cualquiera, y podemos, por un momento, fijarnos en ellos.

Muchas de las obras dialogan con lo digital y lo analógico; en una serie dispuesta sobre la pared, una malla de luces LED irradia luz, casi sin forma; sin embargo, la superposición de un cristal opaco nos permite distinguir figuras y formas, desde lo abstracto a lo figurativo, de lo digital a lo analógico.

En Last Day in the Beginning of March Campbell recrea, a través de 26 bombillas, el último día en la vida de su hermano. Un homenaje, como él mismo reconoce, a todo lo que ocurrió ese día y que marcaría para siempre al artista.

Una de las piezas de Jim Campbell

De esta exposición destaca la inmaterialidad de las imágenes, que están presentes de forma constante pero sin ser, en ningún caso, imágenes al uso. De alguna manera Campbell invierte los procesos de cada soporte, como vemos en algunas piezas que convierten la película Psicosis de Hitchcock en una única fotografía, o la superposición de varios fotogramas de un film rodado por el artista, y situados uno sobre otros en una sola imagen; en este último caso Campbell reconoce su deuda al futurismo, del que se siente admirador, especialmente por su capacidad de dar movimiento a un soporte bidimensional como la pintura.

Una exposición amplia, diversa e inmaterial que nos muestra nuevas posibilidades de encarar la imagen desde su origen primitivo, la luz.

Una de las piezas de Jim Campbell

Jim Campbell (Chicago, 1956) graduado en Ingeniería Electrónica y Matemáticas por el Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT), es un artista pionero en la transformación digital de datos en obras de naturaleza artística que cruza con el arte contemporáneo, ciencia y tecnología. Con una amplia trayectoria como cineasta, fusionará sus conocimientos científicos y su bagaje artístico creando, a partir de 1988, instalaciones de lo que él llama “electrónica a medida”, diseñada de manera específica para cada creación artística. Actualmente vive y trabaja en San Francisco, California y su obra figura en las colecciones del Metropolitan Museum of Art, The Whitney Museum of American Art y The Museum of Modern Art de Nueva York, el Smithsonian de Washington D.C, el San Francisco Museum of Modern art, el Cincinnati Art Museum y el Berkely Art Museum, entre otras instituciones culturales.

 

Ritmos de luz. Hasta el 28 de junio en Espacio Fundación Telefónica (Calle Fuencarral, 3, Madrid).