La dificultad de relacionar arquitectura, música y artes visuales, concretándose en una pieza pictórica, encuentra una resolución perfecta en la exposición “12 canciones concretas” de Gonzalo Elvira, y que puede verse en el Centro de Arte de Alcobendas.

Decía Lygia Clark, una de las maestras del movimiento Neoconcreto brasileño, que el arte no consistía en mostrar objetos para ver en ellos la belleza, sino mostrarlos para prepararnos para la vida. Justamente por esto nacen las escuelas, como pasos previos a la etapa adulta en la que poder resolver con los conocimientos adquiridos; y precisamente así nació la Bauhaus de Gropius, inspirador de ese Neoconcretismo y referencia constante en el trabajo que presenta Elvira.

 

Como si un número mágico fuera, el doce se repite aquí insistentemente, a través de la música dodecafónica de doce canciones que el artista toma como referencia a la hora de abordar cada pieza. La paleta tampoco es casual, y parte de una las doce paletas de la Bauhaus.

Lo que vemos en la sala es la formalización de doce canciones a través de doce dibujos, abstracciones en las que el color adquiere el protagonismo inevitable que el artista busca en todo momento. En algunas de las obras, una forma central aparece para romper la rutina del color, pero sin llegar a definir una estructura concreta reconocible, más bien tomando una forma determinada a través del color y no al revés.

La exposición, que puede visitarse hasta el 25 de febrero, plantea un recorrido a modo de obra de arte total conjugando lo visual, lo sonoro y lo arquitectónico.