El relato que quiero hacer aquí parte de la reciente visita a las exposiciones gina pane. Intersecciones y El iris de Lucy, ambas en MUSAC (León). Me resultaba complicado hacer una reseña de las dos, cuando son tan distintas, y a la vez no quería dejar de hablar de ninguna. Así que de alguna manera esto es un intento por relatar ambas a través de mis sensaciones.

Empezando por el principio

Lo cierto es que acudía a MUSAC para ver la exposición de Gina Pane, artista de la que soy admiradora ya desde la universidad, cuando estudiábamos algunas de sus acciones corporales. La exposición que presenta el museo leonés es la primera en una institución española desde 1990 y está enteramente dedicada a Gina Pane; está comisariada por Juan Vicente Aliaga, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y curador de amplia trayectoria en torno a cuestiones feministas, queer y de género. Tanto en la exposición como en la conferencia que ofreció el día de la inauguración, Aliaga insiste en aportar una mirada diferente sobre el trabajo de la artista, rompiendo ciertos mitos en torno a sus acciones corporales. “Gina Pane no era sólo el mito de la artista de la herida. Esto ha ensombrecido otras líneas de pensamiento que trabajó. Su obra no es teatral, es reflexiva, especialmente cuando habla del dolor, y lo hace para hablar no sólo del dolor físico sino también simbólico”.
Vemos esto en la exposición desde el principio, y es que que Aliaga comienza el recorrido con una de sus obras más tempranas, una pintura abstracta de inicios de los 60; por entonces todo parecía apuntar a que Pane encaminaría su trabajo hacia la pintura, sin rastro de la performance.

Gina Pane. "Sans titre (n°31)", 1962-1967.

Gina Pane. “Sans titre (n°31)”, 1962-1967.

A lo largo de las distintas obras vemos cómo Pane se desliza hacia el arte de acción y la implicación con ciertas causas como el medio ambiente (tema bastante frecuente a lo largo de su carrera, y que es una línea más desconocida) o el dolor universal a través de acciones particulares.

Vista general a la entrada de la exposición

Vista general a la entrada de la exposición

Intersecciones presenta un total veinte obras en técnicas como pintura, vídeo, escultura, fotografía… que intentan mostrar a la artista menos visible, con temas que no asociaríamos con Pane y que sí trabajó.
“Sus acciones corporales eran la consecuencia de un proyecto largamente meditado, totalmente ajeno al impulso inmediato. Con sus acciones, gina pane trataba de abrirse a los demás y acercarse a las problemáticas humanas a partir de sus propias vivencias. El cuerpo vivido suponía para ella tanto el cuerpo biológico y psicológico como el cuerpo social”, dice Aliaga.

Entre las obras presentes, algunas muy reconocibles como Action Escalade non-anesthésiée (Acción Escalada no anestesiada), de 1971, que hizo construir en su estudio de París. Se trata de una estructura de metal a modo de escalera con escalones erizados con púas. La acción de subir por esta estructura era una forma de expresar la intensidad de la violencia en una época inmersa en la guerra de Vietnam y con los coletazos de Mayo del 68 aún recientes.

Gina Pane, "Action escalade non anesthésiée", 1970-71.

Gina Pane, “Action escalade non anesthésiée”, 1970-71.

La exposición es una excusa perfecta para volver sobre Gina Pane, conocer mejor su trabajo y trayectoria, y también romper el mito que se ha creado sobre ella para darle el sentido real a su trabajo, muy implicado con cuestiones más allá de lo corporal.

Gina-Pane_Detalle-de-Azione-Sentimentale_1973_18_copy-adagp-vegap-rmn-pompidou

Gina Pane, Detalle de “Azione Sentimentale”, 1973.

Gina-Pane_Detalle-de-Azione-Sentimentale_1973_11_copy-adagp-vegap-rmn-pompidou

Gina Pane, Detalle de “Azione Sentimentale”, 1973.

Gina-Pane_Detail-of-Action-Psyché_1974_copy-adagp_vegap

Gina Pane, Detalle de “Action Psyché”, 1974.

Gina-Pane.-Action-posthume-de-laction-Death-control_1974__copy_adagp_vegap_foto-CClos

Gina Pane, “Action posthume de l’action Death control”, 1974.

Siguiendo el relato

Y siguiendo este recorrido, se presentaba en el MUSAC otra exposición a la vez que la de Pane, El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas, comisariada por Orlando Britto. He de reconocer que mis expectativas para esta exposición apenas existían y mi interés en visitar el centro se centraba sobre todo en la muestra de Pane. Sin embargo, aprovechando el seminario (dirigido por la galerista Sabrina Amrani y el comisario) con el que se abría esta exposición, acudí a algunas de las conferencias sobre la cuestión.
Realmente con El iris de Lucy me llevé una grata sorpresa. Sobre todo me impresionó todo lo sentí que aprendía y que me aportaba esta cantidad de información (sobre cuestiones como la dificultad de hablar de “arte africano” o “mujeres artistas africanas”, sobre mercado de arte, sobre política, inmigración, presencia internacional de las artistas…).
Todo esto se completó con la visita a la exposición, de la que salí con muchas dudas y preguntas; creo que esto es lo realmente interesante de una muestra: cuando sales planteándote muchas cosas, con nuevas ideas en mente y con varios nombres apuntados en la libreta para buscar mejor cuando vuelvas a casa.

el-iris-de-lucy-007

La exposición presenta un total de veinte artistas y treinta obras de creadoras que viven y desarrollan su trabajo tanto en África como en la diáspora. Procedentes de distintos países, contextos, etnias y religiones, a través de su diversidad permiten entender las múltiples y complejas facetas del espacio cultural de África.

En la nota de prensa dicen que esta exposición “toma como punto de partida las posiciones teóricas del multiculturalismo y el postcolonialismo, que abogan por la alteridad, la otredad o la subalternidad y que han permitido el surgimiento de un nuevo espacio (…) que pone fin al monopolio cultural occidental en el campo de las artes visuales”.

Y es que las artistas que se presentan en El iris de Lucy tienen, en muchos casos, una posición muy marcada sobre temas como el género, la situación de la mujer, la identidad, la raza, el cuerpo, el territorio, las tradiciones, la migración, la historia, o el exilio. Se manifiestan a través de técnicas diversas, desde la fotografía a la instalación, la pintura o el dibujo.

La sensación que tuve, viendo la muestra, es que en cada una de ellas era necesario pararse, mirar bien, leer, observar y dejarse llevar; porque cada una es un mundo, un contexto, una realidad y una línea de trabajo.

Desde Julie Mehretu (etíope que ha crecido en Estados Unidos), considerada la artista viva más cotizada, maravillosa e imponente a la entrada de la exposición, a Safaa Erruas, marroquí, cuya obra abre la muestra, y donde vemos su calidad en el trabajo del bordado y el corte (cientos de hilos cuelgan del techo a modo de medusas, sobre las que dispone pequeñas reproducciones fotográficas de ojos humanos).

Si tuviera que señalar cuatro artistas que me gustaron especialmente, serían estas:

Zoulikha Bouabdellah

Artista argelina nacida en Moscú. Su instalación Silence Noire es toda una declaración de intenciones: 9 alfombras sobre el suelo, unas al lado de otras, simulando el lugar de rezo musulmán, con 9 pares de zapatos (uno en cada alfombra) y que, sin embargo, no se encuentran sobre el tejido, sino que un agujero en medio de cada alfombra sitúa los zapatos directamente sobre el suelo.

Su posición respecto a la situación de la mujer me impresionó y me hizo indagar más sobre Bouabdellah y su trabajo. Ella misma dice “En cuanto a mis orígenes árabes y musulmanes, y el hecho de ser mujer, no puedo separar mi trabajo de la cuestión del feminismo y pertenencia cultural. Yo pretendo ser un “segundo sexo”, un sexo libre pensador. El que sabe cómo reclamar y desafiar los códigos y normas de su época y está constantemente en equilibrio entre ser dominante y ser dominado, creando así un canal infinito para los nuevos significados”.
Esta misma instalación ha sido reproducida y adaptada a otros espacios en exposiciones anteriores, como la que hizo en Le Pavillon Vendôme à Clichy-la-Garenne (entre polémica por la propia forma de la instalación). En cada versión de Silence, Bouabdellah cambia el título en función del color de las alfombras.

bouabdellah2

Además de Silence Noire, al principio de la exposición, me quedé fascinada con otra obra suya situada en la última sala, L’Araignée. El dulce homenaje que Bouabdellah hace a Louise Bourgeois se compone a base de perfiles de los arcos más usados en las construcciones de templos cristianos e islámicos. Una evocadora araña de acero sobre el suelo con gran contenido simbólico.

bouabdellah1

Fatima Mazmouz

Artista marroquí. Su trabajo cuestiona constantemente fatima_mazmouz_super_oumsu origen e identidad, su “marroquinidad” y su condición de mujer, con todos los estereotipos que esto implica. Ella misma dice “soy de origen bereber, integrada en la cultu
ra “árabe-musulmán” y crecí en la cultura judeo-cristiana, ya que he vivido en
Francia. Si no integramos todas estas culturas, se trataría de una guerra civil que estalla en sí misma”.

La obra Super Oum (Súper madre), de 2010, se presenta en un vídeo de 2 minutos, una instalación a base de tela de amueblar recortada y suspendida en el aire con la forma de la silueta de una mujer encinta, y 14 fotografías a color. En la obra, la figura de la artista embarazada aparece cubierta con un pasamontañas mientras hace múltiples cosas a cámara rápida: comer cerebros, correr de un lado a otro, subir una escalera, derribar una casa de juguete, balancearse en un caballo balancín… Una estética punk que muestra lo más irreverente de la maternidad y el embarazo sin tapujos. El cuerpo de la mujer, aquí embarazada, refleja cómo se relaciona la esfera íntima y la política. Lo femenino como estereotipo es cuestionado y puesto en entredicho en las acciones de Mazmouz, que juega a ser luchadora, heroína y huye de los clichés.

fatima_mazmouz_super_oum2

 Nicène Kossentini

La artista tunecina Nicène Kossentini se formó en la Academia de Bellas Artes de Túnez, en la Universidad Marc Bloch de Estrasburgo y en la Universidad de la Sorbona en París. En la actualidad, es profesora de cine experimental en la Universidad de Túnez.
Su trabajo me interesó por moverse también entre cuestiones como la identidad propia, la del contexto donde ha crecido, y la reflexión sobre ser mujer en Túnez.

En la obra el vídeo Stories, a la entrada de la exposición, Kossentini graba a su abuela y le pide que recuerde y narre historias de su infancia, relatos de tradición oral que se han ido pasando de madres a hijas. La relación con el pasado, la familia y la tradición se manifiesta en la mujer, la abuela y el acto de contar la historia, transmitirla de una a otra generación. El espacio íntimo como reflejo de una realidad mayor y común a un lugar.

kossentini

A pocos metros de esta se encuentra They Abused Her By Saying (Abusaron de ella diciendo), de 2010, con un enigmático título que hace referencia a los abusos que sufren las mujeres. 12 fotografías de color a modo de fotogramas en una acción fotográfica en 12 movimientos cercanos a la danza. La figura protagonista, una mujer, se desenvuelve en un espacio blanco que contrasta con la violencia del título, en un ejercicio de empoderamiento y autoafirmación.
abuse

Billie Zangewa

Esta artista sudafricana estudió Bellas Artes en la Universidad de Rhodes en Grahamstown, especializándose en Grabado. Durante sus primeros años en Johannesburgo trabajó en la industria de la moda y esto lo refleja en las dos obras presentes en El iris de Lucy. Las dos están hechas en “tapiz de seda” y reflejan las sensaciones que Zangewa tuvo en la ciudad sudafricana, sus impresiones de la misma. “A veces estamos tan centrados en conseguir algo que nos olvidamos de comprobar y preguntarnos si en lo que estamos trabajando es en realidad lo que queremos”. El título de una de las obras, The Future Waits for No One (El futuro no espera por nadie), de 2011, refleja un momento de auto-empoderamiento y de resurrección de la protagonista de la obra. The Wild Side (El lado salvaje) es de 2013, y tiene también a una mujer como protagonista. Zangewa personifica su paseo como un paso de iniciación, el cambio de la mujer tras experimentar la maternidad.

El trabajo de Zangewa con el tejido, así como la temática de las obras, me resultó tremendamente inspirador.

En la nota de prensa dicen de ella que “La artista cree que es importante contar la historia femenina desde el punto de vista femenino, negando la “mirada masculina” (citando a la teórica del cine feminista Laura Mulvey), ya que esta se convierte en una amenaza y por tanto no en un empoderamiento. Billie Zangewa ha experimentado esta amenaza de la mirada masculina en las calles de Johannesburgo. Esto la llevó a contar la historia femenina emplazada desde el amor. Su posición feminista es un acto de amor hacia las mujeres. En sus tapices celebra, homenajea, a las mujeres, presentándolas como narradoras fuertes y seguras de sus propias historias”.

billie_zangewa3

billie_zangewa2

billie_zangewa1

Estas son cuatro propuestas que me guardé especialmente para revisar y tener en cuenta, pero no son las únicas. El iris de Lucy está cargado de posibilidades, de múltiples artistas que, como podemos ver en estos cuatro ejemplos, tienen orígenes, técnicas e intereses muy diversos. La exposición es, sin duda, una excusa perfecta para conocer nuevos trabajos y nuevas artistas que enriquecen aún más el imaginario de la artista mujer y en muchos casos de la artista feminista.