Una performance inesperada por la perfecta mezcla entre emoción y crítica a roles de género. Así podría describirse MDLSX, de la compañía italiana Motus, que puede verse en Naves Matadero el 3 y el 4 de junio. Aunque las expectativas estaban muy altas, tras las buenas críticas de The Guardian y The New York Times, lo cierto es que sentarse en el patio de butacas y dejarse imbuir por la performance durante 80 minutos, tiene otro cariz.

MDLSX es una pieza autobiográfica con una sola intérprete, Silvia Calderoni, que da vida a un ser andrógino que cuestiona las barreras entre géneros. Una performance vertiginosa que comienza con un ritmo bajo para ir ascendiendo a medida que Cal, el-la protagonista, relata una historia llena de dolor, fobias, dudas y, finalmente, comprensión de que esa barrera binaria que divide a los género en dos, no es más que una construcción que constriñe no solamente a una persona intersexual, sino a todo el mundo. “Todos estamos hechos de varias mitades, de partes de muchos fragmentos”, relata Cal a lo largo de una performance donde las luces y la música nos envuelven y nos trasladan a una especie de sueño, de confesión íntima.

Una especie de gran ventana circular en la pared acompaña el relato de Cal, entremezclando imágenes de la cámara con la que se graba mientras narra, con imágenes de su pasado, de una infancia y adolescencia pasada entre pruebas y hospitales para determinar su intersexualidad. Esa gran ventana circular resulta curiosa cuando eres espectadora de la performance y más bien parece situarnos en una especie de vouyeurs que se asoman a la vida de otra persona, de la que queremos saber más, pero sin olvidar que estamos haciendo de “mirones”, asomándonos a la intimidad de la historia real que Cal vivió. Esos mismos vouyeurs que él-ella relata que pagaban por verla-verle sin ropa en un peep show, a medio camino entre curiosidad morbosa por la intersexualidad de la-él protagonista, y el espectáculo sexual.

MDLSX no cae, sin embargo, en el sentimentalismo fácil y contrasta el relato de Cal, duro, hiriente, con referencias a lecturas de filósofos como Paul B. Preciado (Cal llega a firmar un contrato contra-sexual de viva voz), Judith Butler o Donna Haraway.

La música es otro elemento constante en la performance, acompañando tanto las letras como los ritmos, el relato ascendente de Cal. No en vano incluye canciones de “Please, Please, Please, Let Me Get What I Want” de Smiths, “Up Past the Nursery” de Suuns, o “A Real Hero” de College con Electric Youth. Por cierto, la lista de Spotify con todas las canciones de la performance, se puede escuchar aquí.

Tal y como señala la crítica de Brigid Delaney en The Guardian, esta performance experimental hace del público un agente activo en la lectura y comprensión de la obra: es este público quien debe rellenar los huecos del relato, no sabiendo qué partes son propias de la historia de la actriz protagonista y cuáles son tomadas de la novela de Jeffrey Eugenides, “Middlesex”, ganadora del Pulitzer en 2003.

La emoción y la crítica van a partes iguales en esta performance; tanto que la emoción llega a su culmen cuando Cal cuenta cómo lee el informe médico que la reconoce como intersexual, aludiendo a palabras como hermafrodita o monstruo. De nuevo, emoción por el relato en primera persona y la violencia del binarismo de género, pero sutilmente también la crítica a una institución, la médica, convertida en referencia pero no exenta de cuestionamiento moral (algo que Preciado relata ampliamente en Testo yonqui).

En cualquier caso, merece la pena una performance como esta que supone un aire fresco para Madrid, con una puesta en marcha de Naves Matadero con el listón muy alto. Una obra experimental, completa, emocionante y crítica a partes iguales.