Es habitual, en charlas distendidas con artistas, que muchos cuenten que su trabajo artístico les sirve de revulsivo frente a algo que necesitan superar; la dimensión psicológica y catárquica del arte es una de las ventajas de trabajar con imágenes que muchas veces olvidamos. Recuerdo una charla hace tiempo en la que un artista español decía, sincerándose al máximo, que necesitaba contar los cambios personales que había vivido en una época para poder explicar cómo había evolucionado su trabajo. Este ejercicio me pareció valiente, ya que si bien es algo que todos imprimen, de alguna forma, en su trabajo, no es habitual que se haga de forma pública. En la línea de todo esto, el arte siempre ha tenido un fin social, de comunicar, transmitir, denunciar o transformar algo.

En el Museo Es Baluard (Palma de Mallorca) se está desarrollando el proyecto Contra-representaciones audiovisuales, el único que ha recibido las ayudas de Obra Social “la Caixa” en Baleares, dentro de las convocatorias Art per a la millora social 2014.
Se trata de “un proyecto educativo y artístico conducido por las artistas Tonina Matamalas y Carme Gomila y en el que han participado a su vez las artistas Virginia Villaplana y Mireia Sallarès”, tal y como nos cuentan Eva Cifre e Irene Amengual, del Área de Educación y Formación del museo. El proyecto consiste en crear un espacio de reflexión y representación sobre la idea de género a través de grupos de mujeres en riesgo de exclusión social. Cuestiones cotidianas como el espacio público, la sexualidad y la performatividad de género son abordadas aquí, buscando establecer conexiones y dinámicas con las prácticas artísticas contemporáneas y dotar de instrumentos a las participantes para materializar la producción final en un formato audiovisual. Se trata de un ejercicio simple en su resolución pero complejo en todo lo que acarrea: generar un espacio de confianza, usar las prácticas artísticas con un fin personal y, como no, político, y favorecer el empoderamiento de este colectivo en la sociedad.

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Desde el Área de Educación del museo afirman que “respecto a la relación que hemos ido tejiendo desde el área educativa de Es Baluard con grupos de mujeres en riesgo de exclusión social, pensamos que sería interesante poder generar un espacio de reflexión y representación sobre el género a partir de las experiencias de un grupo. En todos los proyectos que desarrollamos a largo plazo con colectivos en riesgo de exclusión social tenemos presente la cuestión de cómo estos son representados, pues sabemos que toda imagen de un grupo es política. En el caso de la mujer, este tema es especialmente sensible, de ahí que nos pareciera interesante convertirlo en el foco del proyecto”. No es la primera vez que trabajan con colectivos en riesgo de exclusión social ni es el género una cuestión nueva; desde la incorporación al museo de la nueva directora, Nekane Aramburu, ambos se han visto reforzados.

Mireia Sallarès, una de las artistas participantes, nos cuenta más sobre estas Contra-representaciones audiovisuales.

DSCN0549Audiovisual y mujer, dos ideas que han ido de la mano desde casi el nacimiento del video, ¿tiene aquí un sentido metafórico?
Lo que se llamó democratización de la tecnología (porque abarató costes permitiendo el acceso a ella a mucha más gente), tuvo un efecto directo en las mujeres ya que por lo general es un colectivo más excluido económicamente. También permitió romper monopolios de lenguajes y generar nuevos espacios para la narración de lo real. Así que en cierto modo es lógico que eso tuviera un efecto especial en las mujeres artistas. Del mismo modo que las nuevas tecnologías han facilitado la participación de la mujer en la sociedad porque ya no tiene que esperar que le cedan la palabra.
Algo que me gusta del lenguaje audiovisual es que es un medio profundamente inclusivo, integral y promiscuo; y sí, se podría decir que tiene un sentido metafórico donde los medios escasos o la baja resolución puede tener una gran fuerza estética y simbólica, y de ese modo representar la situación de sus creadoras.
Por otro lado, el video tiene dos grandes momentos, la filmación y la edición. Pero yo soy de las que creo que las películas se hacen en la sala de edición. Que la realizadora del video es, en realidad una escritora. Alguien que tiene más cosas que decir y no solamente que mostrar. Así que da igual que el video esté hecho con medios escasos o la filmación fue en precario, lo que importa es si hay algo realmente importante que comunicar porque si te olvidaste de ello al filmar siempre hay un modo de incorporarlo en la edición. Nunca es tarde.

¿Consideras, de alguna forma, que el proyecto es político por incluir ideas como el empoderamiento femenino?
A mí nunca me ha gustado demasiado autodenominar a los proyectos artísticos que hago (o en los que participo), como políticos, porque muy a menudo aquello que se autodenomina así, funciona poco como tal. A veces hay proyectos con temáticas sobre problemas sociales, y por ende políticas, que luego se realizan con metodologías muy poco coherentes con ello. Y para mi el cómo es importantísimo para denominar el qué. Evidentemente la dimensión política está implícita en el trabajo verdaderamente creativo, más allá de su temática específica y eso no lo rechazo, pero tampoco pretendo abanderarlo. Por otro lado la expresión “empoderamiento femenino” no me agrada. Porque yo soy de las que creo que el poder normalmente corrompe y quien tiene poder siempre tiene la tentación de abusar de él. Por lo general una de las cosas que me gusta de la mayoría de las mujeres es su falta de interés hacia la toma de poder, aunque admito que estamos pagando un precio caro por ello. En definitiva, si por empoderamiento femenino entendemos la repartición del poder y de manera horizontal, entonces lo acepto con gusto. Me gustaría citar un texto que he leído recientemente gracias a la biblioteca de Beta Local, una organización independiente dedicada a promover pensamiento y prácticas estéticas críticas en San Juan de Puerto Rico al que vine invitada a presentar mi trabajo. El autor es Luis Camnitzer se titula Manifiesto de la Habana, es del 2008, y forma parte de un proyecto Fotocopieca del espacio Lugar a dudas de Cali, Colombia. Lo que aquí se dice, creo que viene al caso y lo suscribo completamente:

1- Creo que la cantidad de poder en el universo es finita.

2- Creo que esa cantidad finita de poder esta mal distribuida.

3- Creo que el poder tiene que ser redistribuido equitativamente.

4- Creo que la forma de redistribución del poder define una ética.

5- Creo que la redistribución ética del poder necesita una estrategia.

6- Creo que la estrategia para una redistribución ética del poder define una política.

7- Creo que el arte es un instrumento que sirve para implementar esa política.

8- Creo que el uso del arte para otros propósitos ayuda a una mala distribución del poder.

9- Creo que la mala distribución del poder es un desastre ecológico.

10- Creo que el arte mal usado es un desastre ecológico.

11- Creo que hay que pensar dos veces antes de hacer arte.

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¿Echas en falta, en el panorama artístico actual, más compromiso con algunas realidades, como las mujeres y su situación?
Creo que hay una amplia e interesantísima práctica de muchísimas artistas mujeres hoy en día. En realidad la mayoría de artistas del estado español que me interesan actualmente son mujeres con proyectos críticos y potentes sobre realidades diversas. Que realicen proyectos directa o indirectamente sobre la mujer, no importa, porque su libertad y calidad es el mejor compromiso con ello.

El proyecto Contra-representaciones audiovisuales muestra cómo la función del museo va más allá de un simple espacio expositivo, y cómo el área educativa en los centros resulta especialmente importante. Es Baluard se presenta aquí como un espacio comunitario para investigar cuestiones actuales, utilizando las artes visuales como apoyo perfecto para nuevos puntos de vista. La performatividad del género, la sexualidad y la esfera pública son algunos de los ejes protagonistas de este proyecto, que lleva desarrollándose en el museo desde enero.