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El pasado 10 de Septiembre se inauguraba “Conmigo llevo todas las cosas”, la exposición individual que el artista Santiago Talavera presenta como inicio de temporada en La New Gallery.

El título, tan evocador, está tomado de una máxima atribuida a Cicerón, “Omnia mea mecum porto”, y tiene aquí una clara alusión a lo que podemos ver en la galería: Talavera ha trasladado cada objeto de su estudio para situarlo en el espacio blanco y neutro de la galería, consiguiendo reproducir fielmente ese espacio tan íntimo para un artista como lo es el lugar donde crea.

Se ha llevado con él todas sus cosas pero además ha sido capaz de transportar al que visita la muestra un ambiente familiar, casi hogareño, donde podemos encontrarnos con elementos tan dispares como basura, gomas de borrar, multitud de libros (algunos de uso frecuente por parte del artista) o restos de medicamentos que alguna vez le hicieron falta. Es un ejercicio de apertura total, de mostrar todas aquellas cosas que le acompañan cuando se encierra en su estudio, cuando está en pleno proceso creativo, trabajando.

Los estudios de artistas, esos grandes desconocidos para la mayoría, comienzan a tener la importancia que se merecen desde hace unos años con iniciativas como Open Studio. Santiago Talavera nos cuenta cómo en el proceso de resituar una obra desde su estudio a la galería muchos de los elementos necesarios para comprenderla se pierden en el cambio, especialmente todo el entorno del que forma parte y que necesariamente acondiciona la forma en que la vemos.

Tanto ha querido el artista que nos imbuyamos en su proceso que ha incluido un ambiente sonoro a la muestra: podemos escuchar el ruido del entorno que Talavera escucha mientras trabaja.

Sus piezas, distribuidas por el aparente caótico espacio, reiteran ese gusto por los colores flúor y en un ejercicio de horror vacui (no sólo en las pinturas, también en el propio estudio) encontramos multitud de elementos distintos que nos obligan a contemplar las obras con detenimiento; la alusión a la pintura infantil es evidente, con un interés no por ver con los ojos sino a través de ellos. Un proceso de creación donde el tiempo resulta fundamental, algo que quizá se nos escaparía si no estuviéramos tan dentro de un espacio como el estudio.

Objetos por doquier que nos obligan a movernos con cuidado, que nos confunden: ya no sabemos si la papelera es de la galería o del estudio, si la silla es un elemento de la instalación o podemos sentarnos en ella. 

Además de las pinturas, las más conocidas de Talavera, podemos también ver una pequeña pieza en vídeo con una estética que toma clara referencia del videojuego, y que supone un paso más en la evolución del artista. En ella, sus pinturas cobran vida, se mueven y nosotros nos movemos con ellas: una rampa ascendente porta una de las sillas (que vemos físicamente en la galería) hasta una gran máquina que la destruye: este ejercicio de engullir y deglutir está presente en otras piezas, como los pequeños paisajes tridimensionales que sitúa sobre la mesa central del estudio. Parecen piezas comestibles, que nos apetece probar,  con el añadido de un cromatismo rico de matices y colores llamativos.

Podemos considerar esta digestión visual algo que va de la mano con el fin último de toda esta instalación expositiva: el artista nos confiesa que va a desaparecer, el cambio de estudio le ha llevado a trasladar todo a la galería y estos objetos desaparecerán una vez que acabe la exposición. Quizá en un proceso de eliminar aquello que parece fundamental pero que realmente no es tan necesario. En la máxima de Cicerón, atribuida a Bías de Priene (filósofo del siglo VI a.C.) se cuenta que este huía del asedio de la ciudad sin llevar nada consigo. Cuando fue preguntado contestó con “Omnia mea mecum porto”: todo lo que le era necesario iba con él, con él llevaba todas las cosas.

Así, en esta exposición de Santiago Talavera, que puede visitarse en La New Gallery hasta el próximo 16 de Noviembre, nos encontramos con todas las cosas que ha ido llevando durante años y que ahora se nos muestran abiertamente, no sólo como objetos diseminados por un espacio sino como experiencias, recuerdos y sensaciones que le han acompañado en el proceso de creación de sus obras. Una oportunidad única para imbuirnos en su ambiente y en su intimidad y captar así mejor lo que cada pintura cuenta.