Al pensar en hacer un recuento de las exposiciones que más me han gustado este año  que está a punto de acabar, caí en la cuenta que no quería hacer un listado numérico de cuáles considero mejores o peores, o cuáles son las diez o quince que más me han llamado la atención.
Así que decidí simplificarlo y centrarme sólo en aquellas que me han trasmitido mucho, que me han sorprendido por algo y que creo que merece la pena reseñar. Se trata, por tanto, de una lista subjetiva en base a mi gusto, sin desmerecer a otras que no aparecen; simplemente las que están me han parecido lo suficientemente interesantes en sus planteamientos (ya sea en el tema de la exposición, la calidad de las obras, la resolución en el montaje o el discurso curatorial) como para ser citadas.
1. “Conmigo llevo todas las cosas”, exposición individual de Santiago Talavera en “La New Gallery”.
Que esta sea la primera exposición que destaco en 2013 no es casualidad. En este post casi todas las exposiciones son en centros de arte, museos o fundaciones, donde el presupuesto permite una mayor inversión en adecuar el espacio o atreverse con instalaciones más arriesgadas. Sin embargo, la exposición de Talavera en La New Gallery se realizaba precisamente en una galería de arte, con todas limitaciones que eso conlleva.
Doble mérito entonces el trabajo que pudimos ver: por un lado, el estudio de Talavera trasladado palmo a palmo al espacio de la galería, y por otro, sus últimas obras con las que experimenta nuevos lenguajes como la animación digital de algunas de sus pinturas.
La experiencia era increíble. Una no tenía la sensación de estar en La New Gallery. Para quienes hubieran estado antes (o vayan a ir después), el espacio era otro. Una copia exacta del estudio de Talavera, con sus cajitas de ibuprofeno en mesas caóticas, restos de haber sacado punta a los lápices de colores o libros de consulta frecuente.
Una apuesta total por parte de la galería no sólo por la obra de Santiago sino por el formato de la exposición. Pienso en la dificultad de adecuar el espacio para acoger todo el montaje tal y como se vio finalmente, y el esfuerzo porque quedase perfecto (incluso con techos bajos, como el estudio original).
Un ejemplo más de algo que ya señalaba en posts anteriores: frente a la idea de galería como simple espacio de venta, hoy podemos encontrarnos espacios que apuestan, que deciden arriesgarse y dejarse la piel por mostrar la obra de los artistas en el mejor de los espacios, en este caso, el estudio del artista.

 

2. “Emmet Gowin”, exposición individual en la Sala AZCA de Fundación Mapfre.
Otra de las imprescindibles de este año. Para mí fue un total descubrimiento. No conocía el trabajo de este fotógrafo y esta exposición fue una revelación.
Las series que se exponían iban desde sus primeros años de matrimonio, con su mujer Edith, a la que retrataba en distintas poses en su casa familiar, a sus últimas fotografías de paisaje tomadas desde el aire.
Concretamente me quedé fascinada con las primeras series, de los años 60. Gowin es capaz de concentrar en una imagen sentimientos tan etéreos como la complicidad y el amor. Los retratos a su mujer están cargados de una tierna nostalgia que con sólo mirar la fotografía nos imaginamos todo lo demás. Como si se tratase de notas musicales en una partitura, Gowin nos da el ritmo y las primeras notas de la melodía y el resto lo vamos interpretando a medida que pasamos de una foto a otra.
La candidez de la vida familiar es uno de los regalos que nos ofrece Gowin con sus series. El otro es su propia historia: nos permite asomarnos a su vida, a los momentos importantes que han constituido su relato y comparte con nosotros lo más íntimo de sí mismo: su experiencia vital.
Sin duda la apuesta de la Fundación Mapfre por la fotografía es otro de los aciertos a destacar: además de Gowin, y sin poder extenderme en más exposiciones, hemos podido ver también a Manuel Álvarez Bravo o a William Christenberry. Esperamos un próximo 2014 con mucha más fotografía.

3. “Mujer. La vanguardia feminista de los años 70. Obras de la Sammlung Verbund, Viena”, exposición colectiva por PHotoEspaña en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Una colectiva fundamental, dentro del festival de fotografía PHotoEspaña, organizada por Fundación Banco Santander. El diseño expositivo en sí no era nada extraordinario, sino más bien seguía el modelo de obra sobre pared sucediéndose unas a otras y en un espacio más bien neutro. Quizá por la propia temática yo esperaba algo más rupturista.
Sin embargo hay dos cosas a tener en cuenta que hacen que esta exposición aparezca aquí: la primera, el más que interesante y elogiable dato de que VERBUND AG, la compañía eléctrica líder en Austria, coleccione arte feminista desde 2004, y la segunda, es reconocer que era todo un lujo contemplar en vivo obras como “Semiotics of the kitchen” de Martha Rosler, además de otras de Ana Mendieta (de mis favoritas), Valie Export, Esther Ferrer, Cindy Sherman, Francesca Woodman o Eleanor Antin, entre otras.
En el momento actual en que muchas investigaciones parecen volver a repensar los cuerpos y su función en la creación artística, PHotoEspaña dedicaba esta edición precisamente a esta temática bajo la mirada de distintos fotógrafos. De ahí lo oportuno de esta exposición, que traía muchas obras por vez primera a España para exponerse dentro de un discurso curatorial feminista. 

4. “Seda de caballo”, exposición individual de Manuel Vilariño comisariada por Fernando Castro Flórez en Tabacalera, Espacio de Promoción del Arte.
La calidad de la obra de Vilariño es de sobra conocida. No en vano esta exposición era la que se correspondía a haber obtenido el Premio Nacional de Fotografía en 2007. Sin embargo, y más allá de la propia obra, que de por sí habla con un lenguaje propio, la exposición en Tabacalera era una delicia.
Sin pecar del exceso de llenar las frías salas del espacio con muchas piezas de Vilariño, el comisario se decantó por una serie de obras concretas, de distintas décadas, que mostraban a grandes rasgos las líneas de investigación del artista y sus intereses creativos sin caer en una visita interminable. Más bien al contrario, las salas justas, las obras precisas y una exposición en la que destacaba el discurso curatorial y la perfecta adecuación a un espacio nada fácil, como es la antigua Tabacalera. Dialogar con un edificio con tanta historia ya era de por sí complicado, y más con las obras de Vilariño, entes en sí mismos también difíciles de poner a conversar con otros elementos.
El resultado fue excepcional: las obras sobrecogían al entrar en algunas de las salas (en las que ayudaba la iluminación), y se transmitía a la perfección justo lo que el artista trabaja: la nostalgia, el reposo, la reflexión y lo espiritual a través de lo visual, la presencia de la muerte sin sobrecargar el mensaje.
Una gran exposición que no lo tenía nada fácil en ese espacio y que tanto el comisario como el artista supieron superar con nota.

5. “data.path” proyecto de Ryoji Ikeda en Espacio Fundación Telefónica.
Sin ser propiamente una exposición al uso, la instalación del artista japonés en este espacio es, sin duda, una experiencia que vivir. Una enorme sala completamente a oscuras únicamente iluminada por la propia instalación y los sonidos electrónicos.
El trabajo de Ikeda, de formación autodidacta, parte siempre del mundo de las matemáticas, con cuyas composiciones crea sus piezas. La idea abstracta del número y su representación gráfica, los datos y sus combinaciones son la materia con la que el artista crea sus imágenes y sonidos.
La sensación al entrar en este “data.path” (camino de datos) es el de perder la noción del tiempo y el espacio. Sólo se escucha la música y apenas se ve más allá de estas frecuencias de datos que ocupan las dos pantallas enfrentadas (que crean un pasillo de 20 metros de largo). Una auténtica experiencia sensorial a través del sonido, la luz, el espacio…
Tal y como cuenta la información de este proyecto (que puede verse hasta el día 5), “utilizando estos datos –códigos informáticos, coordenadas astronómicas, estructuras moleculares, visiones espaciales en 3D- como único recurso, Ikeda logra una sobrecogedora sucesión de imágenes y sonidos generados por ordenador que desafían nuestros sentidos y capacidades para percibir y procesar todo lo que ocurre a nuestro alrededor”.
Doy fe que en mi caso ha sido así. Adentrarse en esta instalación es como teletransportarse desde Gran Vía al espacio (reproduciendo en algunas de las proyecciones datos numéricos a modo de estrellas y constelaciones espaciales).
Sin duda, una exposición más que recomendable que hay que experimentar en primera persona y que aún puede visitarse.