Las noticias que llegan desde LABoral Centro de Arte en las últimas semanas son de todo menos positivas.
Ha sido hace apenas unos días cuando conocíamos el despido fulminante de varios trabajadores del centro y su posterior reacción (que incluye medidas legales), cuestión en la que me gustaría detenerme.

Ocurre que cada vez que LABoral se encuentra ante un problema o cuestionamiento aparecen voces que critican el modelo del centro y su trayectoria. A propósito de esto, quiero manifestar personalmente que como asturiana (y no residente desde hace un par de años en la región), siempre he sentido que LABoral apoyaba proyectos innovadores, distintos en cuanto a su formalización artística (más ligados a lo tecnológico) y que sí ha apoyado la creación asturiana a lo largo de estos años de diversas maneras. No me extenderé aquí a enumerar la cantidad de artistas asturianos que han pasado por el centro no sólo en exposiciones sino también en talleres, en producción o formando parte de un interesante proyecto que capitaneó Alfredo Aracil, el Archivo de Artistas Asturianos.
El sentido del proyecto y las vías de repensarlo en el futuro son dos cosas que no tienen cabida aquí porque no vienen a cuento, así, sin más.

Y sobre lo que nos atañe: hace apenas unos días saltaba la noticia de que varios trabajadores de LABoral eran despedidos de manera repentina y por decisión de la viceconsejería de Cultura de Vicente Domínguez.
Los afectados, entre ellos Alfredo Aracil, Diego Ugalde y Sergio Redruello, eran personal de LABoral con un horario fijo, con la obligación de fichar en su entrada y salida (como hace el personal laboral) y con vacaciones; sin embargo, y pese a llevar hasta más de tres años en el centro, no tenían contrato con LABoral y figuraban como autónomos.

De la por sí precaria circunstancia de esta relación laboral en un centro público, y que daría para escribir muchos artículos, a las medidas tomadas desde la viceconsejería de cultura asturiana (a la que habría que cuestionar más de una de sus decisiones), lo cierto es que LABoral se encuentra en una situación, cuanto menos, peligrosa.
Me consta que varios miembros no políticos del patronato de LABoral no están de acuerdo en la decisión tomada por la viceconsejería y se encuentran en proceso de pedir aclaraciones sobre la cuestión.

Y desde aquí, este palco digital que me permite explayarme en las cuestiones que me parece capitales, tengo que decir que personalmente me parece una situación lamentable. Primero por los trabajadores, a los que conozco personalmente y de los que es de sobra conocida su labor profesional durante todos estos años. La precaria situación en la que han ido desarrollando su actividad en LABoral y la repentina decisión de prescindir de su trabajo, estando en puestos de vital importancia para el centro, es sin duda una gran mala noticia.

Y por otro lado, me gustaría poner de relieve mis dudas sobre la labor desarrollada por el viceconsejero de cultura, Vicente Domínguez, del que, en lo que respecta a LABoral y desde su llegada al puesto, todo han sido continuos desencuentros. He de reconocer que no conozco el interés de este señor por el arte contemporáneo o la producción artística actual, dos temas que debería seguir de cerca para comprender la importancia vital de un centro como LABoral. Pero incluso al margen de esto, me atrevo a sugerirle que profundice en conocer de qué va LABoral, quiénes es el equipo que lo forma y por qué las figuras de Aracil, Ugalde y Redruello, entre otros, son fundamentales.

Porque hay cosas con las que no se debería jugar, como el trabajo de una persona y los lugares donde la cultura se crea y se desarrolla. Y en este caso, se dan las dos.

Ánimo al equipo de LABoral.

Tendremos que hacer de la necesidad, virtud.